Línea de Wallace: la frontera invisible que los peces nunca se atreven a cruzar

El ser humano es curioso por naturaleza, por lo que hará todo lo que esté a su alcance para conocer lo que le rodea. Sin embargo, a pesar de que se ha hecho lo imposible por descubrir infinidad de cosas, no estamos ni cerca de conocer todo lo que en realidad existe, además de que, cada vez que se descubre o resuelve algo nuevo, siempre surgen más preguntas.
Un ejemplo de ello es el océano, que es uno de los lugares menos explorados, incluso menos que el espacio exterior, desconociéndose un 95% de este inmenso mundo acuático.
Esto no quiere decir que no sea de interés para los científicos, pero, aunque parezca sorprendente, es mucho más difícil de explorar que el propio espacio, debido a sus condiciones extremas: presiones altísimas y otros aspectos que lo hacen inviable para su estudio, aunque se trata de un mundo fascinante que alberga criaturas enormes y de características que en animales terrestres nunca nos hubiéramos imaginado.
Si bien no se ha comprobado que las profundidades del océano oculten criaturas monstruosas, lo cierto es que hay algunos aspectos que vuelven un tanto más extraño el entorno marino, como el fenómeno que se descubrió hace 200 años y que ha provocado asombro entre la comunidad científica, así como un debate sobre el origen de este.
La ‘barrera’ invisible que la fauna marina no se atreve a cruzar
El explorador y naturalista Alfred Russel Wallace viajó y documentó el archipiélago malayo, dejando registro de su geografía y las especies que habitan en él. En una de sus travesías, se percató de que existía una especie de línea invisible que atravesaba el archipiélago malayo, entre los continentes de Asia y Oceanía, concretamente entre las islas de Bali y Lombock y que continúa hasta pasar el agua de Borneo con las Islas Célebes, rozando al sur de las islas de Filipinas.
Lo curioso de este fenómeno es que, en un lado se podían apreciar especies animales del sudeste asiático y del otro lado, algunas típicas de la zona australásica. De esta manera es que se logran establecer dos regiones, que aunque se encuentren separadas por tan solo unos kilómetros, contienen en su interior mundos completamente distintos.
La explicación a este fenómeno, según Wallace, es que aunque esta línea sea invisible a primera vista, tiene una base física que se puede demostrar: la historia evolutiva de cada una de las regiones y que, a pocos kilómetros, se encuentra la Fosa de Wallace, una sima submarina que ni siquiera alcanza los 100 kilómetros de longitud y es el indicador de la zona en la que chocan la placa tectónica de la Sonda con las de Banda y Timor.

Esto puede explicarse de esta manera: hace más de 2,5 millones de años existían zonas que eran transitables y en la actualidad se encuentran sumergidas. Pero esta fosa, al igual que las barreras naturales que puedan existir, separó las dos regiones tectónicas y a su vez, cada una mantuvo su propia historia adaptativa y evolutiva, prevaleciendo hasta estos días y siendo demostrada con la línea de Wallace.
