¿Se escribe con mayúscula después de los puntos suspensivos? Esto dice la RAE

Los puntos suspensivos hacen parte del inventario de signos de puntuación, se suelen ver frecuentemente en los textos y probablemente también lo hayas usado en algún momento. La pregunta es, ¿cómo continuaste el enunciado?, ¿se escribe con mayúscula después de los puntos suspensivos? La respuesta corta es que en algunos casos se escribe con mayúscula, mientras que en otros debe ir con minúscula.
Según la Real Academia Española (RAE), los puntos suspensivos son un signo de puntuación formado por tres puntos consecutivos (…) -y solo tres-, llamado así porque entre sus usos principales está el de dejar en suspenso el discurso. «Se escriben siempre pegados a la palabra o el signo que los precede, y separados por un espacio de la palabra o el signo que los sigue; pero si lo que sigue a los puntos suspensivos es otro signo de puntuación, no se deja espacio entre ambos».
¿Cuándo continuar con mayúscula? Si los puntos suspensivos cierran el enunciado, la palabra siguiente debe escribirse con mayúscula inicial: El caso es que si lloviese… Mejor no pensar en esa posibilidad.
¿Cuándo continuar con minúscula? Si los puntos suspensivos no cierran el enunciado y este continúa tras ellos, la palabra que sigue se inicia con minúscula: Estoy pensando que… aceptaré; en esta ocasión debo arriesgarme.
¿Debo colocar punto al final si la frase finaliza con puntos suspensivos? No es necesario, se escribe solo tres puntos. Según explicó la RAE en un tuit, solo se escribirán cuatro puntos tras una abreviatura: «—¿Viste a ese Sr….?» —Sí, el Sr. González estuvo aquí ayer».

A continuación, vea los usos de los puntos suspensivos:
- Para indicar la existencia en el discurso de una pausa transitoria que expresa duda, temor, vacilación o suspense:
- No sé si ir o si no ir… No sé qué hacer.
- Te llaman del hospital… Espero que sean buenas noticias.
- Quería preguntarte… No sé…, bueno…, que si quieres ir conmigo a la fiesta.
- Si yo te contara…
- Para señalar la interrupción voluntaria de un discurso cuyo final se da por conocido o sobrentendido por el interlocutor:
- A pesar de que prepararon cuidadosamente la expedición, llevaron materiales de primera y guías muy experimentados… Bueno, ya sabes cómo acabó la cosa.
- Y en mitad de la fiesta, se subió a una mesa y comenzó a recitar: «Con diez cañones por banda…».
- Es especialmente frecuente este uso cuando se reproduce un refrán o un fragmento literario de sobra conocido: Más vale pájaro en mano…, así que dámelo ahora mismo.
- Para evitar repetir la cita completa del título largo de una obra que debe volver a mencionarse:
- La obra Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, de Rafael Alberti, está llena de grandes aciertos. Los versos de Yo era un tonto… contienen algunos de los mejores hallazgos expresivos del autor.
- Para insinuar, evitando su reproducción, expresiones o palabras malsonantes o inconvenientes:
- ¡Qué hijo de… está hecho! A veces se colocan tras la letra inicial del término que se insinúa: Vete a la m… No te aguanto más.
- Cuando, por cualquier otro motivo, se desea dejar el enunciado incompleto y en suspenso:
- Fue todo muy violento, estuvo muy desagradable… No quiero seguir hablando de ello.
- Sin valor de interrupción del discurso, sino con intención enfática o expresiva, para alargar entonativamente un texto:
- Ser… o no ser… Esa es la cuestión.
- Al final de enumeraciones abiertas o incompletas, con el mismo valor que la palabra etcétera o su abreviatura: Puedes hacer lo que quieras: leer, ver la televisión, oír música… Debe evitarse, por redundante, la aparición conjunta de ambos elementos:
- Puedes hacer lo que quieras: leer, ver la televisión, oír música…, etc.
- Puedes hacer lo que quieras: leer, ver la televisión, oír música, etcétera…
