Los paleontólogos encuentran el ombligo más antiguo jamás descubierto, y es de un dinosaurio

Reconstrucción en 3D de un Psittacosaurus reclinado que muestra la larga cicatriz umbilical rodeada de escamas distintivas que fue identificada por el equipo de estudio. (Crédito de la imagen: Jagged Fang Designs).
Todo lo que sabemos sobre los dinosaurios no avianos se basa en los fósiles, que incluyen huesos, dientes, huellas, rastros, huevos e impresiones de la piel. Durante siglos, personas de todo el mundo han descubierto sorprendentes huesos y huellas fósiles. Uno de estos exquisitos especímenes ha revelado que al menos algunos dinosaurios tenían ombligo.

El hallazgo representa un récord para el ombligo más antiguo jamás encontrado en reptiles y mamíferos. El espécimen corresponde a un dinosaurio que vivió hace 125 millones de años y fue encontrado en China hace 20 años. Los científicos la Universidad China de Hong Kong (CUHK) y de todo el mundo analizaron el fósil usando una tecnología de imágenes láser de alta tecnología.

La mayoría de los embriones de mamíferos (incluyendo los humanos) obtienen nutrientes de una placenta a través de un cordón umbilical. Cuando el cordón umbilical se cae deja una cicatriz que comúnmente se conoce como ombligo.

Los dinosaurios no tenían cordón umbilical porque ponían huevos. En su lugar, el saco vitelino de los dinosaurios estaba directamente unido al cuerpo a través de una abertura en forma de hendidura, que también se encuentra en otros animales terrestres que ponen huevos. Esta abertura se sellaba aproximadamente en el momento en que el animal salía del cascarón, dejando una larga cicatriz umbilical característica. A diferencia de los humanos, esta cicatriz suele desaparecer después de unos días o semanas.

Gracias a la técnica de fluorescencia estimulada por láser (LSF) que se aplicó al fósil en cuestión, un espécimen de piel fosilizada de Psittacosaurus, se logró identificar que al menos algunos dinosaurios pudieron tener una larga cicatriz umbilical. «Utilizando imágenes de LSF, identificamos escamas distintivas que rodeaban una larga cicatriz umbilical en el espécimen de Psittacosaurus, similar a la de ciertos lagartos y cocodrilos vivos. Llamamos a este tipo de cicatriz ombligo, y es más pequeña en los humanos. Este ejemplar es el primer fósil de dinosaurio que conserva un ombligo, lo que se debe a su excepcional estado de conservación», dijo en un comunicado el Dr. Michael Pittman, profesor adjunto de la Facultad de Ciencias de la Vida de la CUHK y coautor del estudio.

Imagen de fluorescencia estimulada por láser (LSF) del espécimen completo de Psittacosaurus que muestra la ubicación de la cicatriz umbilical. Los recuadros muestran un primer plano de la cicatriz umbilical, incluyendo las escamas distintivas que la rodean (resaltadas en azul en el dibujo). (Crédito de la imagen: Bell et al. 2022).

Se desconocía si los dinosaurios tenían cicatrices umbilicales equivalentes al ombligo de un mamífero, es decir, que duraban más varios años e incluso para toda su vida. Se sospechaba que la naturaleza de la puesta de huevos de los dinosaurios dejaría una larga cicatriz abdominal, y este estudio es el primero que apoya la hipótesis con pruebas fósiles.

«Aunque este bello espécimen ha causado sensación desde que se describió en 2002, hemos podido estudiarlo bajo una luz totalmente nueva utilizando novedosas imágenes de fluorescencia láser, que revelan las escamas con un detalle increíble», dijo el Dr. Pittman.

Todavía hace falta más investigación para determinar si los dinosaurios tenían ombligo. Aunque es complicado, ya que el fósil estudiado es de los mejores que existen, las nuevas técnicas podrían revelar nuevos enigmas más adelante. «Este espécimen de Psittacosaurus es probablemente el fósil más importante que tenemos para estudiar la piel de los dinosaurios. Pero sigue dando sorpresas que podemos sacar a la luz con nuevas tecnologías como las imágenes láser», dijo el Dr. Phil R. Bell, de la Universidad de Nueva Inglaterra en Armidale (Australia), autor principal del estudio.

Los resultados se han publicado en la revista BMC Biology.

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