El estrés podría hacer que la artritis vuelva incluso después de mejorar, revela estudio

La artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune que afecta a más de 18 millones de personas en todo el mundo. No tiene cura, aunque sí existen medicamentos que pueden ayudar a mantener la enfermedad bajo control. Incluso, es posible que la artritis entre en remisión durante varios años y permitir una mejora en la calidad de vida del paciente.
Aunque un paciente puede vivir bastante tiempo sin síntomas notorios, la artritis puede reactivarse por varios factores. Como la interrupción de la medicación, sedentarismo, algunas infecciones y un mal descanso pueden provocar que la enfermedad genere brotes. A estos factores se les suma uno nuevo: el estrés. Así lo sugiere un reciente estudio.
El estrés puede ocasionar recaídas en pacientes con artritis reumatoide
Científicos japoneses de la Universidad de Chiba encontraron un nuevo factor que puede provocar recaídas en quienes padecen artritis reumatoide. No importa que la enfermedad esté en remisión, hay un mecanismo capaz de reactivarla y responde a un estrés psicológico. Con esto, podría explicarse por qué los pacientes que ya estaban estables y tras pasar por periodos de tensión, vuelven a presentar los síntomas.
Anteriormente, ya se sospechaba que el estrés podía estar vinculado con los brotes de artritis, pero no se sabía cómo funcionaba este mecanismo. Para responder esta pregunta, los investigadores hicieron un experimento con ratones que habían alcanzado la remisión antes de que se les expusiera a estrés por restricción.
Los resultados revelaron que cuando los ratones eran sometidos a presión psicológica, se activaba el sistema nervioso simpático. Al mismo tiempo, este estimuló el tejido adiposo marrón, que es la grasa que regula la temperatura. Como consecuencia, la grasa liberó interleucina-6, que es una proteína que puede causar fuertes respuestas inflamatorias.
«Nuestros hallazgos sugieren que los efectos del estrés psicológico sobre la artritis van más allá de las células inmunitarias tradicionalmente asociadas con las enfermedades autoinmunes». Explica Shigeru Tanaka, investigador involucrado. También mencionó que el estrés es capaz de activar otros tejidos corporales que propician la inflamación.

El regreso de la enfermedad
Esa proteína no fue la única que analizaron. Por medio de análisis de tejidos, perfiles de células inmunitarias y mediciones moleculares, el equipo rastreó el trayecto completo de la señal inflamatoria hasta las articulaciones. Y descubrieron que la interleucina-6 afectaba las células que recubren la membrana de las articulaciones.
Como resultado, se generó una sustancia que ocasionó la llegada masiva de glóbulos blancos (neutrófilos), lo que terminó por reactivar la inflamación. Cuando los investigadores bloquearon el receptor celular que responde a la llamada de los glóbulos blancos, los ratones mejoraron los síntomas.
Un resultado parecido se observó cuando los ratones recibieron un medicamento que impide que la grasa parda y el sistema nervioso se comuniquen. Se dieron cuenta de que los niveles de proteína inflamatoria en la sangre disminuyeron, junto con la hinchazón en las articulaciones y la acumulación de glóbulos blancos.
Con esta respuesta, los científicos buscaron saber si el mecanismo se comportaba de la misma manera en personas. Al analizar varios pacientes, se dieron cuenta de que aquellos que portaban una variante genética que reduce la sensibilidad de las células a las hormonas del estrés, mostraban una conexión más débil entre la tensión y la reactivación de la actividad.
¿El estrés es un factor directo de recaídas?
El equipo de investigadores menciona que los estudios por el momento solo son observacionales, por lo que no se ha comprobado que el estrés sea una causa directa de los brotes de artritis reumatoide. Algo que sí se sugiere es que las articulaciones podrían tener una especie de memoria inflamatoria y reactivarse cuando el paciente está bajo mucho estrés.
Este hallazgo podría ser muy importante para mejorar los tratamientos actuales que combaten la enfermedad. Y así, ofrecer una mejor calidad de vida a quienes padecen artritis reumatoide.
El estudio se publicó en la revista Science Advances.
