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Hallan un hongo intestinal que reduce la lesión por radiación en ratones

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radiación
Un estudio encontró que un hongo intestinal podría proteger contra los daños causados por la radiación

Los hongos son parte importante del cuerpo humano. Viven en la piel, las vías respiratorias, el tracto intestinal y zonas mucosas. Estos han llamado la atención de los investigadores por su papel en diferentes funciones del organismo. Aunque un nuevo estudio ha encontrado que podrían ayudar de formas inesperadas: resistir los daños causados por la radiación.

La radiación está en todas partes. Muchas personas creen que esta solo existe en las plantas nucleares, pero la realidad es que convivimos con ella día a día. Hay radiación en el suelo, en la comida, en el espacio; incluso el propio cuerpo tienen ciertas cantidades de radiación.

Pero, no toda la radiación es igual. Por ejemplo, la que está en la luz, el calor, el Wi-Fi, aparatos como el microondas o los que se utilizan para los ultrasonidos es muy baja y no alcanza a romper átomos. A esta se le conoce como radiación no ionizante.

Por el contrario, los rayos gamma, rayos X y otras partículas sí son capaces de dañar el ADN de los seres vivos, sin distinguir si son plantas, animales o humanos. A esta se le llama radiación ionizante y es la que pone en riesgo la vida.

La radiación puede dañar gravemente al cuerpo

La razón por la que la radiación ionizante puede generar daños importantes al organismo es que esta rompe el ADN de las células cuando se recibe en grandes cantidades. Al ser un daño grave, mueren demasiadas células que pueden fallar la sangre, los intestinos o la piel.

Entre los posibles daños, están:

Náuseas y vómitos

Diarrea

Infecciones

Sangrados fáciles

Caída del cabello

Quemaduras en la piel

Infertilidad (puede ser temporal o permanente)

Riesgo más elevado de padecer cáncer

Cataratas

Un hongo que podría reducir los daños causados por la radiación

El hongo que ha llamado la atención de los especialistas lleva por nombre Mucor racemosus, un hongo filamentoso que puede establecer una relación metabólica con las bacterias intestinales y las células del huésped. De acuerdo con los científicos, este tipo de hongos podrían ser importantes en la regulación de la fisiología intestinal.

Y especialmente este hongo demuestra ser un tipo de intermediario dentro del ecosistema intestinal. Observaron que este puede producir diversos aminoácidos, como el L-glutamato, L-aspartato y DL-lisina.

Estas son moléculas que pueden ser aprovechadas por el organismo para llevar a cabo una reparación del ADN en las células del epitelio intestinal después de ser expuesto a la radiación.

También detectaron una segunda vía de actuación relacionada con su interacción con las células intestinales. Este hongo produce metiltioadenosina, una molécula que parece modificar la composición y la actividad del ecosistema bacteriano. La más favorecida es la Limosilactobacillus reuteri.

A su vez, este aumento se vincula con  una modificación del metabolismo del azufre y una producción más abundante de metionina. Este último es un aminoácido que el estudio resalta por sus potenciales efectos protectores ante la radiación. Lo que significa que el hongo podría no solo actuar sobre las células del intestino, sino activar una cadena metabólica completa

Hongo
Apenas se ha probado en animales, pero pronto podría hacerse un ensayo para probar su eficacia en humanos

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Respaldo de los resultados

El experimento se realizó en animales, donde se demostró que la administración de queso fermentado con M. racemosus fue capaz de proteger frente a los efectos de la radiación. Por este motivo, es que se refuerza la hipótesis de que el hongo puede influir en la resistencia del intestino al estrés que genera la radiación.

No obstante, es importante tomar en cuenta que este resultado solo es en animales, todavía no se ha probado en humanos, por lo que debe esperarse un resultado. Desde las dosis que serían seguras y eficaces para los humanos y si será posible observar los mismos efectos que se obtuvieron en modelos experimentales.

El estudio se publicó en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences


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