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¡Sorpresa en Plutón! Telescopio Webb encuentra moléculas químicas precursoras de misteriosos cuerpos helados

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Las moléculas químicas precursoras de la vida son compuestos orgánicos que pueden dar origen a la vida, como aminoácidos, azúcares y ácidos nucleicos. Detectarlas en otros planetas es crucial porque su presencia sugiere que las condiciones para la vida podrían existir en esos entornos.Telescopios avanzados, como el James Webb, han permitido analizar la atmósfera de exoplanetas y detectar estas moléculas, lo que proporciona información sobre la química y la habitabilidad de esos mundos lejanos. La identificación de estas moléculas no solo ayuda a entender el origen de la vida en la Tierra, sino que también abre la posibilidad de encontrar vida en otros lugares del universo. La búsqueda de estas señales químicas es un paso fundamental en la exploración astrobiológica y en la comprensión de la diversidad de la vida en el cosmos.

El telescopio Webb descubre dióxido de carbono y peróxido de hidrógeno en Caronte, la luna más grande de Plutón

Las últimas observaciones del Telescopio Espacial James Webb han revelado la presencia de dióxido de carbono (CO2) y peróxido de hidrógeno (H2O2) en la superficie helada de Caronte, la mayor luna de Plutón. Este hallazgo marca la primera vez que estos compuestos son detectados en la luna, y se suman al inventario químico previamente conocido, que incluye hielo de agua, compuestos con amoníaco y materiales orgánicos que le dan su característico color grisáceo y rojizo.

Caronte, la única luna de tamaño mediano en el Cinturón de Kuiper (con un diámetro de entre 500 y 1,600 kilómetros), ha sido ampliamente estudiada desde la misión New Horizons de la NASA en 2015, la cual cartografió su superficie. A diferencia de otros cuerpos en esta remota región del sistema solar, la superficie de Caronte no está oscurecida por metano u otros hielos volátiles. Esto la convierte en un objeto de estudio clave para entender los procesos geológicos y atmosféricos que ocurren en estos cuerpos distantes.

Las capacidades avanzadas del telescopio Webb

El equipo de investigadores utilizó el Espectrógrafo de Infrarrojo Cercano (NIRSpec) del telescopio Webb para realizar cuatro observaciones del sistema Plutón-Caronte entre 2022 y 2023. Gracias a la cobertura completa del hemisferio norte de Caronte y la capacidad de observar en longitudes de onda más largas, Webb permitió la identificación de dióxido de carbono en la superficie de la luna.

Un gráfico que muestra la firma luminosa de Caronte que indica la detección de peróxido de hidrógeno y dióxido de carbono. (Crédito de la imagen: Silvia Protopapa (SwRI), Ian Wong (STScl))

«Las capacidades de Webb nos permitieron explorar la luz reflejada desde Caronte con mayor precisión que nunca, lo que nos llevó a identificar nuevas firmas químicas», explicó el Dr. Ian Wong, científico del Space Telescope Science Institute y coautor del estudio.

Origen del CO2 y el H2O2 en Caronte

Los datos sugieren que el dióxido de carbono detectado se encuentra principalmente en la superficie como una capa fina, por encima de un subsuelo rico en hielo de agua. Según la Dra. Silvia Protopapa, investigadora del Southwest Research Institute y autora principal del estudio, esta capa de CO2 probablemente se originó en el interior de la luna y fue expuesta por impactos de cráteres. Esto apunta a que el dióxido de carbono puede haberse formado en la región durante la creación del sistema de Plutón.

El descubrimiento del peróxido de hidrógeno es también significativo, ya que indica que la superficie helada de Caronte se está alterando debido a la interacción con la radiación solar y partículas energéticas del viento solar y rayos cósmicos. Este proceso, conocido como irradiación, rompe las moléculas de agua en sus componentes de oxígeno e hidrógeno, permitiendo la formación de peróxido de hidrógeno.

Implicaciones más allá de Caronte

Los resultados del estudio, que combinan observaciones de Webb con modelos espectrales y experimentos de laboratorio, ofrecen una visión más detallada de cómo los impactos y la radiación alteran la superficie de cuerpos helados en los confines del sistema solar. Además, abren la puerta a futuras investigaciones de otros objetos de tamaño mediano en el Cinturón de Kuiper y más allá de Neptuno.

«La sinergia entre las observaciones del Webb, los experimentos en laboratorio y el modelado teórico ha sido clave para obtener estos nuevos conocimientos, que podrían aplicarse a otros cuerpos similares en esta región del espacio», concluyó Protopapa.


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