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El olvidado sacerdote que predijo la existencia de los agujeros negros hace 200 años

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Créditos de imagen: Pinterest

Uno de los misterios que más llama la atención tanto de los científicos y de los aficionados sin duda son los agujeros negros.

Al grado de que se generaron debates debido a que algunos científicos rechazaban su existencia y otros tantos creían firmemente que sí existían, como sucedió con el sacerdote británico John Michell.

Nacido en Eakring, Inglaterra, en el año 1724, predijo la existencia de estos misteriosos objetos astronómicos hace casi 200 años, basándose tan solo en las Leyes de Newton.

De acuerdo con el historiador Russell McCormmach, John Michell fue un niño con una gran capacidad para aprender rápidamente.

Al terminar con sus estudios primarios, ingresó a la Universidad de Cambridge y se mantuvo allí por más de 20 años, estudiando e impartiendo sus enseñanzas.

También tenía una gran capacidad para explorar diversas áreas, gracias a su creatividad y motivación. “Le gustaba construir sus propios aparatos”, escribió uno de sus biógrafos, Archibald Geikie, quien mencionó que sus habitaciones en el Queens College de Cambridge “a veces parecían un taller con todos sus implementos y maquinaria”.

Un área que no podía dejar pasar una mente como la de Michell era la física. En el año 1750, publicó un artículo sobre el magnetismo en el que presentó la llamada Ley del Cuadrado Inverso.

Diez años más tarde, dio a conocer otro artículo acerca de los terremotos, en donde describe las capas de la Tierra y un método con el que se puede calcular el epicentro, mismo que fue de gran ayuda para futuras investigaciones.

No fue sino hasta el año 1783 cuando publicó un artículo en el que se basó en las leyes de Newton con el objetivo de explicar cómo es que se puede calcular la densidad de una estrella, a partir de la manera en la que su gravitación afectaba a otros cuerpos cercanos.

De igual manera, hace alusión a cómo es que la gravedad interfiere en el comportamiento de la luz.

Créditos de imagen: Getty Images

“Supongamos ahora que las partículas de luz se atraen de la misma manera que todos los demás cuerpos que conocemos… de los cuales no puede haber ninguna duda razonable, siendo la gravitación, hasta donde sabemos (…), una ley universal de la naturaleza”. Se puede leer en el artículo.

De acuerdo con sus investigaciones, el comportamiento de la luz bajo la gravedad podría permitir una manera de calcular la densidad de las estrellas, especialmente, si una de ellas tenía el tamaño suficiente para afectar la velocidad de la luz que emana de ella.

Y aunque estaba un poco equivocado en algunos aspectos, como el impacto de la gravedad en la velocidad de la luz, científicos de la actualidad han afirmado que su razonamiento sí tenía solidez.

También Michell sugirió que era posible que la gravedad de estos cuerpos más grandes pudiera dominar por completo sus propios rayos de luz.

Y mencionó que, para que se pudiera lograr, era necesario que tuviera una densidad como la del Sol y aproximadamente 500 veces su tamaño. Bajo estas características, planteó que la luz escaparía de esa estrella, pero que “tendría que regresar a ella, debido a su propia gravedad”.

Reconoció que no habría forma de tener información a simple vista, pero que podría ser detectada a partir de irregularidades en las órbitas de otros cuerpos celestes.

Con ello, se considera que es una predicción de la existencia de los agujeros negros, y expertos de la actualidad han mencionado que se han podido detectar varios de ellos a través de las órbitas de las estrellas cercanas, lo que confirma la base de los planteamientos de Michell.

Sin embargo, sus avances no fueron reconocidos sino hasta la segunda mitad del siglo XX.


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