La intrigante razón por la que algunas sandías no tienen semillas

No hay nada como iniciar el día con un rico plato de fruta, el cual nos aporta energía, gracias a los beneficios que podemos encontrar en este tipo de alimentos.

Las frutas son parte fundamental de la dieta de las personas en todo el mundo y de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Cultura (FAO, por sus siglas en inglés), este tipo de alimentos «ayudan a los niños a crecer y apoyan las funciones corporales y el bienestar físico, mental y social en todas las edades».

La Organización Mundial de la Salud (OMS), recomienda el consumo diario de al menos 400 gramos de frutas y verduras, con la finalidad de reducir el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles.

Sin duda alguna, el mejor momento del día para poder llevar a cabo el consumo de este tipo de alimentos, es por la mañana, donde un cóctel a base de papaya, plátano, melón y sandía no pueden faltar.

Pero, ¿Has notado que algunas sandías no tienen semillas? Esto resulta interesante y te contaremos a qué se debe, a continuación.

¿Por qué algunas sandías no tienen semillas?

En la naturaleza existen diferentes formas de reproducción, sin embargo, cuando se trata de organismos estériles, estos no logran dejar una descendencia, lo que puede provocar el declive poblacional y posterior a ello, su desaparición.

Pero entonces, ¿por qué algunas frutas que no cuentan con semillas (parte del vegetal mediante la cual se propagan los vegetales) siguen existiendo?

Si existen organismos estériles en agricultura o en ganadería y no se están extinguiendo, solo hay una explicación: la mano del hombre.

A pesar de saber que la presencia o ausencia de semillas es debido a la manipulación del hombre, el fenómeno por el cual se da este hecho es completamente natural. Para ejemplificar, te explicaremos como es que una mula y un burdégano son animales que físicamente existen, pero biológicamente no.

Esto es debido a que no pueden dejar descendencia, ya que sus progenitores cuentan con diferente número de cromosomas y durante la meiosis (una forma de reproducción celular), el proceso no se puede completar, generando organismos estériles.

Este proceso en la naturaleza es conocido como heterosis o vigor híbrido y fue descubierto por los genetistas George H. Shull y Edward M. East a finales del siglo XX.

La heterosis consiste en que cuando se cruzan dos variedades diferentes, la primera generación descendiente es más robusta y vigorosa que cada una de las variedades de las que proviene.

Si las dos variedades tienen el mismo número de paquetes de cromosomas, se puede conseguir semillas viables de la descendencia, obteniendo una mejor cosecha, sin embargo, no se puede utilizar la semilla resultante de la segunda generación, pues ya no sería considerada como una especie híbrida.

Con la finalidad de hacer productos más llamativos y fáciles de comer, el hombre ha buscado la forma de disminuir o eliminar por completo las semillas de aquellos frutos, en los que resulta incómodo estar eliminándolos, como es el caso de la sandía.

Fue así como el científico japonés H. Kihara, de la Universidad de Kyoto, generó la primera sandía sin pepitas en el año 1939. Esto fue posible gracias a la duplicación de cromosomas en las semillas de la sandía, añadiendo colchicina, un producto químico.

Las pepas con carga 4n fueron cruzadas con aquellas normales (2n), obteniendo como resultado un fruto con una carga genética 3n, número impar que, al igual que con mula y un burdégano, la meiosis no se lleva a cabo de manera correcta y se ve expresando con la inhibición de las semillas.

A pesar de obtener semillas sin semillas, las propiedades de la sandía siguen siendo las mismas, por lo que esto no afecta de ninguna manera, el consumo del producto en humanos.

Así que no, las sandías sin semillas no son transgénicas, pero, si son resultado de una modificación hecha por el hombre. Y tú, ¿ya lo sabías?

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