Estos populares edulcorantes alteran la microbiota y los niveles de azúcar en sangre, según un estudio

Los edulcorantes, que se distinguen específicamente como “edulcorantes no nutritivos” (ENN), hoy en día son ampliamente consumidos como sustitutos de azúcar presumiblemente saludables puesto que estos brindan un sabor dulce con ninguna o pocas calorías.

De hecho, derivado de la incidencia a nivel mundial de sobrepeso, obesidad y diabetes se reporta que una de las estrategias dietéticas más comunes para combatir estas condiciones consiste en reemplazar el azúcar en la dieta con ENN, ya que se supone que son inertes y específicamente no provocan una respuesta sobre los niveles de azúcar en la sangre.

Aunque es cierto que parte de la aprobación para su venta consiste en esta característica de “inocuos” en el organismo, la realidad es que desde hace algún tiempo distintas investigaciones han demostrado que, de hecho, podrían tener efectos perjudiciales en nuestra salud, estado involucrados en el desarrollo de cáncer, demencia, daño en el hígado, etc.

Esto ha suscitado un gran debate tanto en la comunidad científica como en la población en general, entre los que defiende su uso e indican que las pruebas no son suficientes y los que abogan que los estudios que demuestran su efecto nocivo deberían ser suficiente para reevaluar su supuesta seguridad para el consumo humano.

Recientemente un grupo de investigadores descubrieron efectos no esperados sobre el consumo de estos productos; al parecer los ENN no son especialmente inertes como se pensaba, de hecho, tienen la capacidad de alterar la microbiota, indispensable para nuestra salud, y no solo eso, contrario a lo que se presume, en realidad sí provocan una respuesta en los niveles de azúcar en la sangre.

¿Cómo se determinó esto?

El reporte se publicó recientemente en la revista Cell y en él indican que ya se había observado estos efectos en animales de laboratorio, así que se propusieron determinar si también sucedía en humanos.

Para ello evaluaron en 120 participantes sanos que se identificaron como abstinentes estrictos de edulcorantes artificiales para determinar cuál era el efecto sobre su microbiota y la respuesta en los niveles de azúcar en la sangre tras el consumo al azar de sacarina, sucralosa, aspartamo y stevia durante dos semanas en dosis inferiores a la ingesta diaria aceptable. El grupo control recibió sobres de glucosa o placebo.

En cuanto a la microbiota, los investigadores observaron que todos los grupos que habían consumido edulcorantes mostraron alteraciones evidentes en composición y función de su microbiota. Por otra parte, el consumo de sacarina y sucralosa evidenció una respuesta glucémica elevada e inesperada en comparación con el grupo control.

Ante esto, se sospecho que la propia alteración de la microbiota por el consumo de los edulcorantes podía inducir la respuesta en los niveles de azúcar en la sangre, para comprobar este efecto tomaron a unos ratones estériles y trasplantaron en forma de heces la microbiota alterada de los humanos.

Con ello pudieron observar que las alteraciones glucémicas eran muy similares a las observadas en los participantes. De esta manera, indican los autores del estudio que «estos resultados sugieren que los cambios del microbioma en respuesta al consumo humano de edulcorantes artificiales pueden, en ocasiones, inducir cambios glucémicos en los consumidores de forma muy personalizada».

Esta parte de “personalizada” se debe a que, como muchos sabemos, la microbiota es única en cada persona, por lo cual la alteración podría depender en gran medida de esto.

Una gran preocupación que puede surgir de este estudio es el hecho de que incluso con la baja cantidad de edulcorantes consumidos y un lapso realmente corto (2 semanas) se pudieron observar alteraciones, por lo que sería importante investigar qué sucede a largo plazo.

Finalmente, aunque es cierto que falta mucho por investigar, «necesitamos crear conciencia sobre el hecho de que los edulcorantes no nutritivos no son inertes para el cuerpo humano como creíamos originalmente», dice Elinav, autor del estudio.

Todos los detalles: Cell

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