Estas son las razones por las cuales no debes retener tus heces. ¡Acude siempre al llamado!

Hacer del baño, específicamente heces, es parte de nuestra rutina diaria, además, es una acción que nos genera placer al realizarla y, su función vital en el organismo es el de eliminar de nuestro sistema los componentes que no podemos aprovechar de los alimentos.

Mucho se habla sobre el número de veces por día que uno debería asistir al baño a defecar, sin embargo, tal cifra en realidad depende de cada organismo, de su alimentación, su consumo de agua y sus hábitos de vida. Por lo cual, esta comparación individual no nos podría dar un indicio claro de que persiste alguna complicación, además, muchas veces estamos tan habituados a nuestra propia tasa de evacuación diaria que no somos tan conscientes de cada cuánto se asiste al baño a realizar las necesidades. Sobre esto, los Institutos Nacionales de Salud (NIH) nos indican que el evacuar menos de tres veces a la semana podría representar una señal de alerta para ir al médico.

Pese a esto, algo es claro, es sumamente necesario que usted acuda al baño a defecar cada que siente la sensación; es una necesidad fisiológica y su organismo se lo está indicando, así que no queda más que atender a la señal. Si bien, retener de vez en cuando las heces y evadir a nuestro cerebro debido a que en un momento preciso algo nos impide ir a defecar, no pondrá en peligro a nuestro organismo ni generará ningún tipo de daño, esta situación sí puede suceder si esto se convierte en un hábito.

Como ya hemos descrito anteriormente, la necesidad de evacuar es la última parte de nuestra digestión, éste es el proceso en el cual se descomponer los alimentos que consumimos en nutrientes (proteínas, carbohidratos, lípidos, vitaminas y minerales) que las células ocupan para funciones energéticas, estructurales y reguladoras. La digestión comienza desde que la comida se mastica mediante la acción mecánica mediada por nuestros dientes y una acción enzimática de la saliva, continua con la absorción de los nutrientes en los intestinos y termina en el recto y ano, en el cual se excretan los desechos que no pueden aprovecharse en nuestro organismo.

De esta manera, cuando no se atiende al llamado del acumulación de heces que se encuentra en el recto y necesitan expulsarse, las células del intestino grueso comienzan a absorben el agua del excremento, lo que conduce a su endurecimiento y la posterior difucultad, dolor e incomodidad al evacuar. Parte de nuestra digestion se enfoca en generar heces sólidas y blandas que permitan la libre excreción sin ninguna complicación, sin embargo, mientras más tiempo se retenga en el, será mucho más complicada su posterior excreción.

En este sentido, este mal hábito puede ocasionar el desarrollo de estreñimiento que podría ser un malestar transitorio o progresar a un trastorno grave que puede conllevar a complicaciones como hemorroides, diverticulititis (infección en unas bolsas del colón) e incluso podría predisponer a la aparición del cancer en el tracto digestive.

Asimismo, la constante evacuación de heces duras podría generar fisuras o desgarros en el ano que impliquen una excreción dolorosa acompañada de sangre. Este mal hábito a la larga y, en casos extremos, podría provocar la pérdida de sensibilidad; el estreñimiento crónico y las heces duras pueden hacer que los músculos del recto se estiren y debiliten con el tiempo. Esto puede hacer que los músculos que rodean al ano (denominado esfínter anal) permanezcan abiertos, resultando en la fuga de las heces.

Así que ya lo sabes, todo esto puede prevenirse acudiendo al baño cada que sentimos la necesidad.

 

 

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