Un hombre que murió por cáncer fue incinerado y nadie se percató que era radiactivo.

Hace un par de años, un hombre de 69 años acudió a la unidad de urgencias de una institución hospitalaria en Arizona, Estados Unidos. El motivo de su ingreso fue por complicaciones derivadas del cáncer de páncreas, motivo por el cual se encontraba con tratamiento médico. Por desgracia, el hombre murió solo dos días después de su ingreso y sus restos fueron cremados.

Sin embargo, lo que el personal del hospital y del crematorio desconocían era que el hombre se había sometido a una dosis inyectada de de lutecio Lu 177 como parte de un tratamiento antitumoral por parte de una clínica, justo un día antes de su ingreso a la unidad médica. 

El caso se informó por primera vez en una una carta de investigación, publicada en 2019, y mostraba los posibles riesgos a los que se expone el personal cuando procesa los cadáveres de personas que se habían sometido a tratamientos oncológicos. «Cremar a un paciente expuesto volatiliza el radiofármaco, que luego puede ser inhalado por los trabajadores (o liberado en la comunidad adyacente) y resultar en una mayor exposición que la de un paciente vivo”, comentan los investigadores de la Mayo Clinic, en una nota de caso. 

Una vez que el personal médico del hospital se enteró de la situación del cadáver del hombre, inmediatamente se pusieron en contacto con el personal del crematorio. Después de casi un mes de realizar el respectivo análisis dentro de las instalaciones del crematorio, el personal de radiología encontró rastros de lutecio Lu 177, el mismo compuesto con el que estaba tratando al hombre que murió por fallas derivadas del cáncer de páncreas.

Sin embargo, cuando los investigadores mandaron a realizar análisis clínicos en el personal del crematorio, se percataron que en la orina del operador había rastros de otro isótopo que se utiliza en medicina nuclear: tecnecio Tc 99m. Esto alarmó a las autoridades sanitarias, pues el operador había referido que nunca se había sometido a un tratamiento que incluyera dicha sustancia. Por tanto, la única explicación era que el hombre se había contaminado durante la cremación de otro cuerpo con rastros de Tc 99m.

De acuerdo con el Dr. Paolo Boffetta, director asociado de cáncer global de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai en la ciudad de Nueva York, aunque las cenizas contienen partículas radiactivas, no es una fuente de exposición importante. Aún así, a los médicos les preocupa que la exposición prolongada a estos agentes que son volatilizados cuando son cremados los cadáveres, les provoque daño a largo plazo al personal de los crematorios. 

El caso ha sido publicado en el Journal of the American Medical Association, y lo puedes ver aquí.

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