El ADN preservado en un “chicle” de casi 6,000 años de antigüedad, revela información interesante sobre nuestra evolución.

Hace 5,700 años, una mujer de piel oscura, cabello oscuro y ojos azules mascaba un trozo de brea, la cual fue escupida y, con el paso del tiempo, quedó envuelto en barro por varios milenios, hasta que un grupo de arqueólogos lo descubrieron durante las excavaciones de Syltholm, y posteriormente los científicos de la Universidad de Copenhague extrajeron el genoma completo de la mujer.

Trozo de brea de abedul encontrado en Syltholm en Lolland. Foto: Theis Jensen.

El grupo de investigadores, liderados por el Dr. Hannes Schroeder, lograron extraer el genoma completo preservado en este tipo de “chicle”, siendo la primera vez que se extrae un genoma humano antiguo completo de algo que no sean huesos.

De esta forma, el equipo pudo determinar el aspecto físico de quien mascaba este pedazo de brea, de poco más de un centímetro de longitud. Al realizar el análisis genético, los investigadores no solo pudieron determinar el color de piel, cabello y ojos del individuo, sino también el perfil patógeno y microbiano bucal. “Pudimos recuperar ADN de microbios orales y de varios patógenos humanos importantes (incluidos fragmentos de ADN del virus del Epstein-Barr, que infecta al 90% de los humanos en la actualidad), lo que hace que esta sea una fuente muy valiosa de ADN antiguo, especialmente para períodos de los que no tenemos restos humanos», comentó el Dr. Hannes Schroeder, investigador de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Copenhague, y autor principal del estudio publicado en la revista Nature.

Reconstrucción artística de la mujer que masticaba la brea de abedul. Ha sido nombrada Lola. Ilustración de Tom Björklund.

“Este estudio puede ayudarnos a comprender cómo los patógenos han evolucionado y se han propagado a lo largo del tiempo, y qué es lo que los hace particularmente virulentos en un entorno determinado. Al mismo tiempo, puede ayudar a predecir cómo se comportará un patógeno en el futuro y cómo podría ser contenido o erradicado”, dice Hannes Schroeder.

 

El estudio ha sido publicado en la revista Nature, y lo puedes ver aquí.

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