Por primera vez prueban la transmisión de energía eléctrica sin cables a largo alcance.

Desde que el humano comenzó a utilizar la energía eléctrica en su vida cotidiana, esta se empezó a llevar a cada rincón del planeta. Sin embargo, el hecho de transportarla a largas distancias significa un mayor riesgo de pérdidas, principalmente derivadas de la propia corriente eléctrica. Con la finalidad de disminuir las pérdidas asociadas al efecto Joule, la energía eléctrica se transporta en alta tensión y, para ello, se requiere de infraestructura capaz de soportar las condiciones (tanto ambientales como de la propia electricidad), comúnmente llamada “línea de transporte”. Por otra parte, las líneas de transporte, que se componen de elementos conductores y de soporte (las llamadas torres de alta tensión), suponen un riesgo elevado de sufrir accidentes aéreos en zonas cercanas a aeropuertos, además tienen un impacto negativo en el medio ambiente, en la fauna silvestre, y suponen un riesgo para las salud y la seguridad.

Linea de transporte de alta tensión.

Es por esta razón, que actualmente se están buscando nuevas formas de transportar la energía eléctrica sin disminuir su eficiencia y con el menor efecto negativo en el ambiente. Una muy prometedora podría ser empleando medios inalámbricos. La transmisión de energía inalámbrica no es algo nuevo. En 1890, el genio inventor Nikola Tesla demostró que podía alimentar bombillas a más de 3 kilómetros de distancia. Además, con la invención de la “bobina de Tesla”, logró su último avance en la inclusión de la energía inalámbrica, hace más de un siglo.

Ahora, la empresa neozelandés Emrod está incursionando en transmitir la energía de forma inalámbrica a largo alcance. La empresa, con sede en Nueva Zelanda, ha desarrollado un método de transmisión segura e inalámbrica de energía eléctrica a través de largas distancias sin el uso de cable de cobre. De momento solo han podido entregar unos pocos kilovatios de potencia, los cuales han sido suficientes para cargar las baterías de dispositivos electrónicos, como celulares. Pero con su más reciente avance, así como su asociación con el segundo mayor distribuidor de electricidad y gas de Nueva Zelanda, se espera que en un futuro se logren transmitir elevadas cantidades de electricidad a grandes distancias, las cuales podrían ser capaces de alimentar hogares, plataformas en altamar o viviendas ubicadas en lugares remotos, sin la necesidad de la infraestructura tradicional a base de cableado y sistemas de soporte. 

¿Cómo funciona este sistema de transmisión de energía inalámbrica? El sistema consta de dos antenas; una antena transmisora y una antena receptora capaz de convertir la energía de las microondas en electricidad, utilizando haces en la banda ISM (industrial, científica y médica) con frecuencias dentro del WiFi y Bluetooth. La energía se transmite entre dos puntos, sin generación de radiación alrededor del haz, como ocurre con la transmisión de electricidad por cables de alta tensión. Además, cuenta con un sistema que garantiza la seguridad de objetos que puedan circular cerca del rayo de trasmisión, como pájaros o aeronaves.

Este tipo de tecnologías suponen un beneficio potencial para la salud y para el medio ambiente. 

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Alan Steve tiene una licenciatura en Bioquímica Clínica por la Universidad Nacional Autónoma de México y hace trabajo de investigación en la Unidad de Genética y Diagnóstico Molecular del Hospital Juárez de México. En internet, Alan es fundador de la comunidad Enséñame de Ciencia.