El cáncer de mama podría dejar secuelas en las arterias incluso años después del tratamiento, revela estudio

Un nuevo estudio encontró que el cáncer de mama deja secuelas que antes no se habían detectado: alteraciones en las arterias. Esta consecuencia se detectó en pacientes que no tenían antecedentes de enfermedades cardiovasculares, y se trata de endurecimiento de las arterias.
A esta condición se le conoce como arteriosclerosis. Ocurre cuando los vasos sanguíneos que llevan el oxígeno y los nutrientes desde el corazón al resto del cuerpo se vuelven grasos y rígidos. Como consecuencia, las arterias pierden elasticidad y obliga al sistema circulatorio a trabajar con más fuerza, desencadenando problemas como hipertensión.
Científicos descubren recientemente una nueva secuela del cáncer de mama
Un equipo de investigadores argentinos detectó una rigidez arterial en varias mujeres con antecedentes de cáncer de mama, a pesar de que no presentaban enfermedad cardiovascular previa. También mostraban un perfil de riesgo comparado con el de otras mujeres que no tenían ese diagnóstico. Esta característica permaneció años después del tratamiento.
La investigación, publicada en la revista Cardio Oncology y liderada por científicos del Hospital Universitario Austral, la Universidad Austral y el CONICET, analizó a mujeres de entre 35 y 65 años. Las cuales acudieron a una unidad cardiometabólica entre septiembre de 2021 y marzo de 2024.
En esta investigación, se incluyó a un grupo de 2,318 mujeres. 53 de ellas tenían antecedentes de cáncer de mama. En este grupo, la mediana de tiempo desde el diagnóstico era de 67 meses. Aproximadamente, poco más de 5 años y medio.
Los especialistas midieron la velocidad de onda de pulso, que es un método no invasivo que puede estimar la elasticidad de las arterias. Las mujeres que habían padecido cáncer de mama mostraron un valor promedio de 7,85 metros por segundo, frente a los 7,34 metros por segundo que registraron las mujeres sin estos antecedentes.
Incluso, la diferencia se mantuvo después de comparar a pacientes con características muy parecidas. Por ejemplo, se tomaron en cuenta factores como la edad, hipertensión, dislipidemia (alteración en los niveles de lípidos en la sangre). Así como tabaquismo, falta de actividad física, diabetes y uso de estatinas.
Después de este ajuste, el antecedente de cáncer de mama se relacionó con un aumento de 0,34 m/s en la velocidad de onda de pulso. En el estudio, se excluyeron aquellas mujeres que tenían antecedentes de enfermedad cardiovascular, enfermedad renal crónica o afecciones inflamatorias para aislar la relación entre antecedente oncológico y salud vascular.

Un mayor riesgo cardiovascular
A pesar de un resultado mayor en la velocidad de las ondas de pulso en pacientes con antecedentes oncológicos, los especialistas mencionan que esto no equivale a automáticamente sufrir un infarto. Pero sí coloca a las pacientes en una zona de mayor riesgo.
Aunque el estudio no establece una sola causa de rigidez arterial. Solamente se plantearon factores que podrían contribuir a esto. Como el efecto vascular de algunos tratamientos, la inflamación asociada a la enfermedad y los cambios metabólicos o celulares que pueden quedarse aún después de que el cáncer haya remitido.
No obstante, es necesario recalcar que este estudio no sentencia que todas las mujeres que han tenido cáncer de mama tendrán arterias rígidas. Ni tampoco que van a desarrollar una enfermedad cardiovascular.

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