Investigan potencial del veneno de abeja para potenciar tratamiento contra el Parkinson

El veneno de abeja ha llamado la atención de los científicos debido a sus posibles aplicaciones en la medicina. Anteriormente, se había descubierto que una sustancia encontrada en el veneno de estos insectos tiene potencial para eliminar células de cáncer de mama. Y ahora, se ha encontrado otro posible nuevo uso.
Un equipo de investigadores del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), de la Universidad de Guadalajara (UdeG) están estudiando el potencial del veneno de abeja como potenciador de efectos terapéuticos del tratamiento contra el Parkinson.
Los resultados de esta investigación se han publicado en días recientes, y ofrecen una posibilidad de mejorar la forma en la que se trata este trastorno neurodegenerativo. Hasta el momento, el Parkinson no tiene cura, pero el avance de estos investigadores mexicanos podría mejorar la calidad de vida de millones de personas alrededor del mundo.
El veneno de abeja podría potenciar el tratamiento contra el Parkinson
En la actualidad, el Parkinson es un trastorno sin cura que puede controlarse mediante terapias que alivian los síntomas. Una de las más comunes es el suministro de levodopa (L-DOPA), que actúa como un precursor de la dopamina. Cuando llega al cerebro, las neuronas lo convierten en dopamina, compensando la pérdida del neurotransmisor.
La levodopa suele administrarse en conjunto con carbidopa o benserazida, necesarias para evitar que la levodopa se transforme en dopamina antes de que llegue al cerebro. Asimismo, ayudan a reducir efectos secundarios, como las náuseas.
La investigación mencionada revela que la combinación de veneno de abeja liofilizado con el tratamiento estándar basado en levodopa y carbidopa mejoró. Tanto el desempeño motor como algunas capacidades cognitivas y se observó en modelos experimentales con ratones.
Para llegar a este resultado, los investigadores provocaron una lesión selectiva de las neuronas dopaminérgicas a los ratones al administrar una neurotoxina. Esta neurotoxina (6-hidroxidopamina), es capaz de generar déficits motores y conductuales característicos del Parkinson.
Después, se dividió a los ratones en cuatro grupos: uno sano, el segundo con la lesión sin tratamiento, otro tratado con levodopa-carbidopa. Y el último recibió una combinación de los fármacos junto con apitoxina (veneno de abeja), administrado una hora más tarde.
Seguimiento y resultados
Los tratamientos comenzaron 13 días después de inducir la lesión y se mantuvo hasta el día 30. Los resultados mostraron que los ratones tratados con L-DOPA recuperaron parcialmente su capacidad motora. Sin embargo, los beneficios empezaron a disminuir con el paso de los días.
Mientras que los roedores que recibieron el veneno de abeja conservaron un uso equilibrado de las patas delanteras hasta el final del experimento. Los valores alcanzados por los animales casi se compararon con los de los animales sanos. En el caso del «arrastre de la pata», también mostraron mejoría, tanto con el tratamiento convencional como con el veneno de abeja.
En el caso de la evaluación de la lateralización del movimiento, se observó que los ratones con Parkinson experimental ignoran el lado afectado por la lesión. Esto refleja la pérdida de la función dopaminérgica. Al administrar levodopa y veneno de abeja, observaron una recuperación mucho mayor que la que se obtiene con el tratamiento convencional.
Asimismo, se analizó la memoria mediante una prueba de reconocimiento de objetos. En condiciones normales, los ratones suelen dedicar más tiempo a la exploración de un objeto nuevo que de uno conocido. Aquellos con lesión cerebral perdieron esa capacidad de reconocimiento, y los tratados con levodopa mostraron un desempeño limitado.
En contraste, los roedores tratados con veneno de abeja mantuvieron una capacidad de reconocimiento casi comparable con el grupo de ratones sanos a lo largo de todo el estudio.

Limitaciones del estudio
A pesar de que el estudio demostró resultados alentadores, es necesario precisar que hasta el momento solo se han realizado ensayos en ratones. Además, no se cuantificó de forma directa la supervivencia de las neuronas dopaminérgicas ni midieron marcadores de inflamación o estrés oxidativo.
Es verdad que demostraron una mejoría funcional, pero no se ha demostrado que el veneno de abeja pueda proteger las neuronas o modificar el curso de la enfermedad. Sin embargo, aportan pistas importantes que podrían conducir hacia tratamientos más eficaces, aplicada ahora en humanos.
El estudio se publicó en la revista Neuroprotection.
