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Alquimista medieval logró crear un elemento adelantado de su época: científicos lo comprueban

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Uno de los personajes más misteriosos e interesantes de la época medieval eran los alquimistas, a quienes se les atribuían habilidades extraordinarias y eran muy importantes para la creación de remedios y elixires, esta antigua profesión sentó las bases de los químicos modernos y de una u otra manera ayudó en el desarrollo de la ciencia, hoy conoceremos un extraordinario hallazgo que el grupo de científicos acaba de realizar, un elemento creado en un laboratorio de uno de los alquimistas más famosos de la historia.

¿Qué eran realmente los alquimistas?

Los alquimistas eran practicantes de una antigua disciplina que combinaba elementos de la química, la filosofía y la espiritualidad durante la época medieval. Su principal objetivo era la búsqueda de la piedra filosofal, un legendario material que supuestamente podía transformar metales comunes en oro y otorgar la inmortalidad.Además de sus experimentos químicos, los alquimistas exploraban conceptos metafísicos y esotéricos, buscando comprender la naturaleza y el universo. Eran considerados tanto científicos como místicos, y su trabajo sentó las bases para el desarrollo de la química moderna.Los alquimistas también desempeñaban funciones como médicos y farmacéuticos, utilizando sus conocimientos para crear remedios y elixires. Su legado es significativo, ya que, aunque a menudo se les ve como figuras fantasiosas, su búsqueda de conocimiento y transformación influyó en el pensamiento científico posterior.

Científicos descubren un elemento inesperado en el laboratorio de un alquimista medieval, reescribiendo la historia

En un reciente análisis del laboratorio del astrónomo y alquimista Tycho Brahe, un grupo de científicos ha hallado un descubrimiento sorprendente: restos de wolframio, un elemento desconocido en la Europa de su época. Este hallazgo, publicado en la revista Heritage Science, revela que Brahe, famoso por sus estudios astronómicos, también dedicaba su tiempo en su castillo de Uraniborg, en la actual Suecia, a experimentar en un laboratorio alquímico propio.

El observatorio y laboratorio de Brahe, desmantelado tras su muerte en 1601, ha sido objeto de estudios recientes. Un equipo de la Universidad del Sur de Dinamarca y del Museo Nacional de Dinamarca analizó cinco fragmentos de vidrio y cerámica hallados en el antiguo jardín de Uraniborg. Mediante espectrometría de masas, los investigadores detectaron elementos como oro, mercurio, estaño, cobre, zinc y otros esperables en un laboratorio de alquimia. Sin embargo, la presencia de wolframio dejó perplejos a los científicos, ya que el elemento no fue clasificado oficialmente hasta el siglo XVIII.

«El wolframio es particularmente enigmático», comenta Kaare Lund Rasmussen, experto en arqueometría, quien lideró el análisis. «No sabemos con certeza cómo llegó al laboratorio de Brahe, pero podría haber formado parte de alguna sustancia secreta que utilizaba en sus preparados medicinales para la nobleza europea.»

Alquimista, créditos a freepik

El trabajo de Brahe como alquimista era conocido en su época, especialmente su medicina contra la peste, que contenía hasta 60 ingredientes exóticos, como carne de serpiente, opio, cobre, aceites y hierbas. Sin embargo, su método y fórmulas exactas nunca se compartían, algo común en el ámbito secreto de la alquimia, donde los «secretos» eran cuidadosamente guardados.

Además de su medicina, el contexto en el que Brahe trabajaba también conecta este hallazgo con prácticas medievales. En la alquimia de la época, se consideraba que los elementos de la Tierra estaban vinculados a los cuerpos celestes y a los órganos humanos. Por ejemplo, la plata se asociaba con la Luna y el cerebro, el oro con el Sol y el corazón, y el hierro con Marte y la vesícula biliar. En este marco, muchos medicamentos contenían metales como el oro, e incluso el mercurio, por sus supuestas propiedades.

Aunque todavía no está claro el rol del wolframio en las preparaciones de Brahe, los expertos sugieren que su inclusión podría haber sido intencionada, añadiendo una pieza fascinante a la historia de la alquimia y a la obra de Tycho Brahe, quien veía la conexión entre el cosmos y las sustancias en la Tierra como una guía para comprender el mundo.

Este hallazgo abre nuevas preguntas sobre la naturaleza de los experimentos de Brahe y sobre cómo la alquimia de la época podría haber impulsado descubrimientos adelantados a su tiempo. Por ahora, el papel exacto del wolframio en sus estudios sigue siendo un misterio.


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