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Conoce los cinco elementos espirituales de los antiguos egipcios

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En el antiguo Egipto, el concepto de vida eterna estaba muy arraigado entre los pobladores. Y por esta razón, se esforzaban en preparar los detalles para alcanzar la eternidad tras la muerte, tales como la conservación del cuerpo y la colocación de los elementos necesarios en la tumba para emprender el largo viaje al más allá. Los cuales eran indispensables para asegurar la supervivencia del ser humano en el mundo no terrenal.

Uno de ellos, era asegurar su tumba o casa de eternidad, y de igual manera el cuerpo, que transformaban en una momia para protegerlo de la destrucción.  También eran importantes ciertos elementos espirituales que, en conjunto, conformaban a la persona y unidos al cuerpo, eran necesarios para conseguir la eternidad. Eran cinco: ren (nombre), shuyet (sombra), ka (doble o fuerza vital), ba (personalidad o alma) y akh (espíritu).

El ren, o nombre, era uno de los elementos más importantes, debido a que proporcionaba la identidad. Por ello, el peor destino imaginable para un egipcio era no tener nombre, ya que quedaba reducido a la categoría de “no persona”, por lo que dejaba de existir. Y por este motivo, se plasmaba el nombre del fallecido en todos posibles de la tumba, y hasta se le pedía a quien pasara ante el sepulcro que pronunciara el nombre para que la persona pudiera seguir viviendo en el más allá.

El shuyet, o sombra, era descrito como una entidad rápida y poderosa, asociada con el Sol y la idea del renacimiento, pues era el Sol quien producía la sombra de la persona. Cuando el Sol se escondía por el oeste, la sombra desaparecía para renacer al otro día. Y por ello, se creía que el Astro Rey ayudaba al difunto a duplicarse en el más allá para siempre.

Refiriéndonos al ka,  se tiene entendido que nacía al mismo tiempo que una persona y la acompañaba durante toda su vida. Era la fuerza que lo animaba y debía conservarla hasta su muerte, y para lograrlo, encarnaba en las estatuas ka, además de en la momia. Este seguía viviendo tras la muerte, pero era necesario darle sustento mediante las ofrendas alimenticias. Aunque no se alimentaba de forma literal, sino absorbiendo su sustancia para conseguir la energía para su vida eterna.

El ba contaba con capacidades humanas: comía, bebía, hablaba y se movía. Se le representaba con forma de pájaro, no obstante, debía regresar cada día junto a la momia, ya que, de no hacerlo, el difunto no sobreviviría en el más allá.

Para finalizar, hablemos del akh. Una teoría apunta a que es la unión del ka y el ba, es decir, el difunto transfigurado en un ser eterno e inmutable. Pese a ello, no todos podían transformarse en un akh. Sólo podían lograrlo los que llevaron una vida acorde con la maat (el orden, la armonía y la justicia). Se le representaba con el jeroglífico del ibis eremita y estaba vinculado a los dioses, tomando forma después de la muerte de una persona y simbolizaba el renacimiento y resurrección en la otra vida. Se le asoció principalmente con la realeza, así, los faraones se reunían con los dioses tras la muerte y sus respectivos akh viajaban con el dios Ra en su barca, surcando el cielo y el inframundo eternamente.


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