¿Cuál es el destino final de la ropa usada y por qué deberíamos preocuparnos por ello?

La sociedad se encuentra sumergida en una cultura de consumo que rápidamente ha pasado factura del impacto negativo que ha generado en el medio ambiente, a raíz de las actividades humanas.
Sequías masivas, incendios forestales, contaminación de mantos acuíferos y mares, extinción masiva de especies, al igual que el cambio climático, son algunas de las muchas consecuencias que se pueden enlistar debido al ritmo de vida del hombre que, está acabando con los recursos no renovables y pone en riesgo la existencia de la raza humana.
Una actividad que se ha vuelto un problema en los últimos años, es la industria textil y el fenómeno de «fast fashión».
El concepto «fast fashión», o moda rápida, hace alusión a los grandes volúmenes de ropa producidos por la industria de la moda, en función de las tendencias y una necesidad inventada de innovación, lo que contribuye a poner en el mercado millones de prendas y fomentar en los consumidores una sustitución acelerada de su inventario personal, además de ser ropa de baja calidad, generando la necesidad de ser reemplazada constantemente.
¿Alguna vez te has preguntado, dónde terminan las prendas viejas?
Del año 2000 a 2015, según A New Textiles Economy, un reporte de la Fundación Ellen MacArthur, la producción de ropa se duplicó: alrededor de 50 mil millones de prendas fueron fabricadas en el 2000.
Se estima que cada año se confeccionan 100.000 millones de prendas en el mundo y, según cifras del último informe Pulse of the Fashion Industry elaborado por la Global Fashion Agenda, otros 92 millones de toneladas textiles acaban abarrotando el vertedero. Un problema que ni el reciclaje ni la segunda mano son capaces de mitigar, por lo que advierten que solo el 13% acaba reciclándose.
La industria textil es el cuarto mercado a nivel mundial con mayor impacto en el medio ambiente, y, por ende, propicia el cambio climático. De acuerdo con la Unión Europea a ropa es el tercer producto más consumido, por detrás del agua y la utilización del suelo.
Los residuos textiles terminan siendo parte de la contaminación de suelos y mares, al igual que representa el 10% de las emisiones de CO2 a nivel global, el equivalente a lo que libera la Unión Europea por sí sola, de acuerdo con un artículo.
Con el fin de generar soluciones en torno al mundo de la moda, se creó un proyecto denominado como «Estrategia para Textiles Sostenibles y Circulares», que busca que todas las prendas que se confeccionen en sus fronteras sean duraderas, reparables, reutilizables, reciclables y estén libres de toxinas y contaminantes.
«Los productores deben asumir la responsabilidad de sus productos a lo largo de la cadena de valor, incluso cuando se convierten en residuos. De esta manera, el ecosistema textil circular prosperará y estará impulsado por capacidades suficientes para el reciclaje, mientras que la incineración y el vertido textil se reducirán al mínimo».
Si bien los productores son los principales responsables de cambiar las condiciones en la elaboración de las prendas, la sociedad también juega un papel fundamental, en el que nos tenemos que responsabilizar y hacer consiente sobre nuestros hábitos de consumo.
