Un «tesoro enterrado»: Webb ha detectado el nacimiento de una estrella nunca vista en la nebulosa Carina, y es glorioso

La nebulosa Carina (NGC 3324) captada por la cámara de infrarrojo cercano de Webb (NIRCam). (Crédito: NASA/ESA/CSA/STScI).

Hace medio año se revelaron las primeras imágenes científicas del Telescopio Espacial James Webb (JWST), aunque estaban repletas de belleza y ciencia, era solo el comienzo, Sabíamos que era solo una pequeña, y a su vez enorme demostración de todo lo que está por venir. Habíamos dicho que tan solo de las primeras imágenes se esperaban muchas investigaciones que muestren nuevo conocimiento, ahora acaba de salir uno nuevo: los científicos que realizaron un análisis profundo de una de las primeras imágenes icónicas de Webb han encontrado un nacimiento estelar nunca visto.

Una de las primeras imágenes del JWST fue de los ‘Acantilados Cósmicos’, con un paisaje de «montañas» y «valles» salpicados de estrellas brillantes es en realidad el borde de una joven región cercana de formación estelar llamada NGC 3324 en la Nebulosa de Carina. Los investigadores descubrieron en esta icónica imagen docenas de energéticos chorros y flujos provenientes de estrellas jóvenes que antes estaban ocultas por nubes de polvo.

El telescopio espacial Hubble ya estudió anteriormente NGC 3324, sin embargo, muchos detalles de la formación estelar en esta región permanecen ocultos en las longitudes de onda de la luz visible. James Webb con su alta resolución en el infrarrojo está perfectamente preparado para descifrar estos detalles largamente buscados. Mediante el análisis de datos de una longitud de onda específica de luz infrarroja (4,7 micras), los astrónomos descubrieron dos docenas de flujos previamente desconocidos procedentes de estrellas extremadamente jóvenes revelados por hidrógeno molecular. Muchas de estas protoestrellas están en camino de convertirse en estrellas de baja masa, como nuestro Sol.

Decenas de chorros y flujos de estrellas jóvenes previamente ocultos se revelan en esta nueva imagen de los precipicios cósmicos obtenida por la cámara de infrarrojo cercano del telescopio espacial James Webb de la NASA (NIRCam, por sus siglas en inglés). (Créditos: NASA, ESA, CSA y STScI. Procesamiento de imágenes: J. DePasquale (STScI)).

«Lo que Webb nos da es la instantánea de un momento en el tiempo para ver cuánta formación estelar está ocurriendo en lo que puede ser un rincón más típico del universo que no habíamos podido ver antes», dijo en un comunicado la astrónoma Megan Reiter, de la Universidad de Rice en Houston, Texas, quien dirigió el estudio.

Sabemos perfectamente que el hidrógeno molecular es un ingrediente fundamental para la creación de nuevas estrellas, por esa razón se utiliza como indicador para detectar las primeras etapas de su formación. A medida que crecen las estrellas jóvenes, toman el hidrógeno y expulsan parte de él en chorros y flujos polares. Los chorros posteriormente actúan como un quitanieves, excavando el entorno circundante, que se aprecia en las observaciones de Webb.

El telescopio James Webb tiene una capacidad inigualable para miles de millones de años atrás en el tiempo, mientras que su vista infrarroja le permite observar con un detalle sin precedentes a través de nubes densas de gas y polvo que están más cerca de nosotros. Cuando sumamos estas capacidades el observatorio ofrece vistas sin igual del cual los astrónomos aprovechan para investigar sistemas similares al nuestro y otros nunca vistos. Los nuevos hallazgos marcan el comienzo de una nueva era en la investigación de cómo se forman estrellas como nuestro Sol, y cómo la radiación de estrellas masivas cercanas podría afectar el desarrollo de los planetas.

«Esto abre las puertas a lo que será posible en términos de observar estas poblaciones de estrellas recién nacidas en entornos bastante típicos del universo que han sido invisibles hasta la llegada del telescopio espacial James Webb», agregó Reiter. «Ahora sabemos dónde debemos mirar a continuación para explorar qué variables son importantes para la formación de estrellas semejantes al Sol».

El artículo científico fue publicado en los Monthly Notices de la Real Sociedad Astronómica en diciembre de 2022.

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