¿Te cuesta trabajo realizar ejercicio? Puede que sean tus bacterias intestinales las que te están deteniendo

A muchas personas nos cuesta comenzar una rutina de ejercicio, pese a que es del conocimiento de todos, que la actividad física es indispensable para tener una buena salud. Siempre hay algo que puede detenernos, a veces se piensa que puede ser flojera, falta de interés o motivación.

Algunas otras veces, es porque hay cierta apatía porque nos gustaría obtener resultados buenos, en un corto tiempo. Después de terminar con la desidia, por fin comenzamos, pero después de pocos días podemos abandonar esta rutina. Probablemente necesitemos un agente externo que pueda impulsarnos a romper con estas limitaciones o posiblemente no dependa completamente de nosotros y existan otras alternativas para conseguir la voluntad de iniciar.

Científicos de la Escuela de Medicina de Harvard, estudian el efecto que tiene el microbioma (es la población de microorganismos intestinales) en la motivación para hacer ejercicio en roedores, se ha comprobado que los microbios intestinales generan sustancias químicas en el cerebro de estos modelos biológicos y los motivan a correr y continuar por períodos considerables. Este conocimiento se puede trasladar y aplicar en humanos.

El experimento realizado

Para saber cuál es la razón por la que algunas personas les gusta hacer ejercicio y otras no, el doctor Christoph Thaiss, realizó un experimento con ratones criados especialmente (que no tenían diferencias genéticas ni bioquímicas marcadas) y los repartió en grupos. Se percató que los ratones activos podrían correr 5 veces más que los ratones que mostraban pereza. Los ratones activos podían correr hasta 30 km en 48 horas, mientras que los otros solo movían su rueda.

Después de esto, se administró antibióticos a todos los ratones, el efecto obtenido fue sorprendentes, pues los ratones activos sufrieron cambios y se volvieron perezosos. La razón de esto, fue por la pérdida de los microbios intestinales (de manera específica de las bacterias, porque son las que son sensibles a los antibióticos).

Se llevaron a cabo estudios de seguimiento y se detectó que al perder bacterias, los cerebros de los ratones perdían la actividad de varios genes cerebrales, incluyendo también la pérdida dopamina, que es el neurotransmisor encargado de proporcionar la sensación de bienestar, cuando se realiza ejercicio de manera prolongada.

La otra parte del hallazgo importante se concentró en que los ratones perezosos, cuando se les inoculó bacterias intestinales de los ratones activos, estos comenzaron a realizar ejercicio.

Lo interesante de este asombroso estudio, es que muy posible que estos conocimientos puedan ser aprovechados en seres humanos, debido a las similitudes bioquímicas que compartimos.

Sería muy interesante realizar estudios de microbioma en los seres humanos y analizar su repercusión en la voluntad de hacer ejercicio. Con estos conocimientos en mano, sería interesante poder formular a esos microbios intestinales y tomarlo cuando nos falte motivación para activarnos físicamente, o en el último de los casos añadirlo como deseo de año nuevo.

Este artículo se publicó en la revista Nature.

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