La Tierra está experimentando la séptima extinción masiva, no la sexta, advierte un estudio

La Tierra tiene una interesante historia que ha sido marcada por los cambios que en ella se han presentado para dar paso al planeta como lo conocemos.

Con la finalidad de poder comprender de una mejor manera la composición biótica y abiótica del planeta, los expertos han estudiado la historia de la Tierra, contemplando que, a lo largo de millones de años, se han suscitado cinco extinciones masivas.

Las extinciones masivas son eventos que se dan en un periodo corto de tiempo geológico en el que desaparece un alto porcentaje de la biodiversidad como, distintas especies bacterias, hongos, plantas, mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces, invertebrados, según WWF.

Se cree que la última extinción masiva tuvo fecha hace 65.5 millones de años y acabó con la existencia de los dinosaurios y, en la actualidad se podría estar viviendo otra (la sexta).

Hasta el momento, se tenía conocimiento de 5 extinciones masivas en la Tierra, sin embargo, un grupo de investigadores de la Universidad de California Riverside (UCR) y Virginia Tech, recientemente han descubierto evidencia de cambios importantes en las condiciones ambientales del planeta que, muestran que en realidad hubo un declive poblacional más antiguo.

En un documento publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, los investigadores reportan que «ocurrió una extinción similar hace 550 millones de años, durante el período Ediacárico».

De acuerdo a los investigadores se podría considerar a esta como una extinción masiva debido a que el porcentaje de organismos perdidos es similar a estos otros eventos, considerando a los cambios ambientales como responsables de la pérdida de aproximadamente el 80% de todas las criaturas ediacáricas, que se piensa, fueron las primeras formas de vida multicelulares complejas del planeta.

«Los registros geológicos muestran que los océanos del mundo perdieron una gran cantidad de oxígeno durante ese tiempo, y las pocas especies que sobrevivieron tenían cuerpos adaptados para entornos con menos oxígeno», comentó Chenyi Tu, paleoecóloga de la UCR y coautora del estudio.

Uno de los problemas a los que se enfrentaron los investigadores fue a poder diferenciar bien los eventos posteriores, debido a que las criaturas que perecieron tenían un cuerpo blando y no se conservaron bien en el registro fósil.

«Sospechábamos tal evento, pero para probarlo tuvimos que reunir una base de datos masiva de evidencia», dijo Rachel Surprenant, paleoecóloga de la UCR y coautora del estudio.

Como parte del proyecto, los expertos realizaron una exhaustiva investigación, logrando documentar el entorno, el tamaño corporal, la dieta, la capacidad de movimiento y los hábitos de casi todos los animales ediacáricos conocidos.

«Podemos ver la distribución espacial de los animales a lo largo del tiempo, por lo que sabemos que no solo se mudaron a otro lugar o se los comieron, sino que se extinguieron», asegura Chenyi.

Para poder saber que fue lo que causo la pérdida tan drástica en la abundancia de los organismos, se rastrearon la relación entre el área de superficie y el volumen de las criaturas, una medida que sugiere que la disminución de los niveles de oxígeno fue el factor causante de las muertes.

Para más información consulta: Proceedings of the National Academy of Sciences

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