¿Cómo sabe un medicamento dónde me duele?

¿Cómo sabe un medicamento que debe viajar a tu cabeza, pie o espalda para aliviar algún malestar? Un dolor de cabeza irrumpe su día, consume algún tipo de analgésico para aliviar el dolor, quizás aspirina o ibuprofeno, pasa cierto tiempo y la molestia desaparece con éxito.  ¿Cómo logró reconocer el analgésico que tenía que actuar justamente en su cabeza?

Esta duda es más común de lo que piensa, realmente para las personas resulta una gran curiosidad conocer cómo es que saben los medicamentos donde deben actuar, en este caso específico, para aliviar el dolor. Aquí te contaremos cómo lo hacen y tomaremos a la aspirina como ejemplo.

La respuesta corta es que en realidad los medicamentos no saben dónde le duele, no tienen la habilidad para reconocer en que parte específica de tu cuerpo está el sitio de dolor y dirigirse justo a ese punto una vez que ingresan a nuestro organismo, sin embargo, sí tienen selectividad sobre el efecto que causaran, en este caso, aliviar el dolor.

Para cumplir este cometido van en busca de un objetivo en particular que se conoce como diana terapéutica, sitio en el cual ejercerán su acción. De este modo, el medicamento no sabe dónde debe ejercer su efecto, solo viaja por todo el organismo hasta que encuentra la diana terapéutica y entonces actúa. Importante saber que, sitio donde encuentre la diana terapéutica, sitio en donde el medicamento ejercerá su acción.

De este modo, cuando se experimenta dolor en una parte de nuestro organismo, muchas vías a nivel molecular se activan, algunas de ellas están mediadas por una enzima denominada ciclooxigenasa o COX, que es necesaria para que se lleve a cabo la síntesis de distintos componentes denominados eicosanoides. Los eicosanoides son los responsables de mediar los mecanismos patogénicos del dolor y la inflamación, así como otros muchos procesos fisiológicos.

Por su parte, el compuesto activo de la aspirina, el ácido acetilsalicílico, actúa inhibiendo la enzima COX, que es su diana terapéutica. Al hacerlo, impiden la síntesis de los eicosanoides y, por tanto, evitan que se produzcan los mediadores para la respuesta del dolor y la inflamación.

Como mencionamos anteriormente, el ácido acetilsalicílico no es selectivo, por lo tanto, cuando se consume por vía oral, pasa por el tracto gastrointestinal, sitio en el cual se absorbe para alcanzar la circulación sanguínea, aquí se distribuye por todo el organismo. En su viaje por vía sanguínea, actúa sobre las enzimas COX que encuentre a su paso, que pueden ser las que están produciendo la reacción dolorosa en su cabeza, o incluso algunas otras que estén efectuando funciones normales en el organismo.

De esta manera, los medicamentos no son capaces de reconocer el sitio específico en donde deben de actuar, más bien, son selectivos para su diana terapéutica. Así, van recorriendo nuestro organismos por la circulación sanguínea, hasta que encuentran su objetivo y ejercen su acción.

 

 

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