¿Es posible vivir con la mitad del cerebro?

“El cerebro es… un telar encantando en el que millones de lanzaderas entretejen un vago diseño, siempre significativo, nunca permanente”, así describe Charles Sherrington al cerebro en el “Universo interior” que nos permite encontrar en él un órgano altamente capacitado y adaptado que puede recibir un gran número de señales del exterior (o interior) y actuar frente a ellas de una manera muy fina, rápida y a veces muy peculiar.

El cerebro es un órgano vital en el sistema humano que básicamente orquesta todas las funciones que hacemos de manera consciente o inconsciente y que se encuentra tan desarrollado e interconectado que está permanente activo incluso cuando nosotros dormimos. Cada estructura que lo conforma está altamente especializada en ciertas actividades del organismo, como el lenguaje, la visión, el gusto, la memoria, el movimiento, las emociones, el equilibrio, la coordinación en fin… todas las funciones que competen en el organismo.

De esta manera, cuando alguna de las regiones cerebrales se ve afecta por algún golpe, una infección o alguna enfermedad neurológica con deterioro progresivo, las funciones que controlan el o las áreas alteradas se ven ampliamente comprometidas incapacitando al paciente para ciertas funciones, lo que indica que la afectación o pérdida de una parte del cerebro podría ser catastrófica y afectar la calidad de vida de la persona de manera significativa, sin embargo, esto no siempre es así.

Actualmente existen reportes sorprendentes de personas que han logrado sobrevivir y llevar una vida normal sin una parte o la mitad de su cerebro; algunos presentan esta condición desde el nacimiento o por algún tratamiento médico en el cual se debe extirpar durante la niñez. Aquí se distingue el caso de una mujer que descubrió que no tenía lóbulo temporal izquierdo cuando ya era un adulto y, otros seis casos de personas a los cuales se les extirpó durante la infancia la mitad de uno de sus hemisferios.

En el caso de la mujer que descubrió que le hacía falta el lóbulo temporal izquierdo que está encargado en mayor medida de controlar el procesamiento del lenguaje y, por tanto, debería implicar problemas en sus habilidades lingüísticas, se indicó que durante su vida nunca presentó tales complicaciones.  Se distinguió posteriormente que red cerebral que controla esta función en esta área del cerebro “migró” a partes completamente funcionales del hemisferio derecho manteniendo el entendimiento y la expresión del lenguaje intacto.

Para los seis individuos cuya extirpación de un hemisferio completo del cerebro se realizó debido a algún tratamiento médico frente a ciertas patologías que afectan la calidad de vida de las personas, como en cuadros severos de epilepsia, se presentaron habilidades lingüísticas intactas, así como una conectividad cerebral normal, al compararse con individuos que mantenían sus dos hemisferios.

De esta manera, aunque se podría pensar que las personas con un solo hemisferio mantienen redes del cerebro difusas y disminuidas debido a que normalmente están estas conexiones se extiende a lo largo y ancho de los dos hemisferios, esto no fue así. La conectividad en las personas sin uno de sus hemisferios fue equivalente a las esperadas y, además de ello, se determinó que ciertas redes estaban más fuertemente conectadas que en los sujetos control con ambos hemisferios, lo que sugiere que la pérdida de la mitad del cerebro no limita el desarrollo de las conexiones neuronales, simplemente éstas se adaptan.

Estos asombrosos hallazgos se pueden explicar por la plasticidad del cerebro que implica una espectacular capacidad adaptativa de este órgano para modificarse dependiendo los estímulos percibidos y que, finalmente, le permite reorganizarse tanto estructural como funcionalmente para sopesar la pérdida de hasta la mitad del cerebro. Sin embargo, esta capacidad está particularmente activa durante periodos neonatales y en la niñez, lo que permite compensar las afectaciones de la falta de una estructura cerebral cuando ésta se pierde durante estas etapas, circunstancias que no se observan antes ciertas patologías neurológicas que afectan las funciones del cerebro cuando uno es adulto.

De esta manera, si se presenta una afectación que induce la pérdida de la mitad del cerebro cuando uno es un bebé o incluso un niño, la versatilidad de este órgano podría reorganizar y estructurar nuevamente todas las redes neuronales implicadas para que las funciones normales no se vean comprometidas, ajustando el daño que potencialmente se puede provocar. Así que, por más increíble que nos resulte pensar en este hecho, las personas con la mitad del cerebro pueden sobrevivir y llevar una vida casi normal.

Puedes leer los detalles en: Cell Reports y Neuropsychologia

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