Vivir violencia doméstica durante la niñez aumenta tus probabilidades de padecer depresión y ansiedad

Los trastornos mentales, en los cuales se incluye la depresión y ansiedad, actualmente encabezan la lista de enfermedades que causan discapacidad en todo el mundo, entendiendo por discapacidad a aquella restricción o limitación para realizar una actividad dentro del margen que se considera normal para el ser humano, estas deficiencias pueden ser físicas, intelectuales, mentales o sensoriales; las enfermedades mentales pueden abarcar más de uno de estos elementos.

Debido a la alta incidencia que han tenido en los últimos años y al problema de salud mundial derivado, los trastornos mentales han tomado más importancia en nuestras sociedades y, una de las cosas más transcendentales ante estas afecciones es que se genere mayor concientización sobre su existencia y sus consecuencias ya que, aunque el riesgo puede variar, todos estamos expuestos a presentar alguna enfermedad de este tipo.

En este sentido, una de las principales cuestiones a abordar son los factores desencadenantes de estos trastornos. A lo largo de la vida de una persona, desde que es niño hasta que envejece, se encuentra expuesto a constantes factores de “estrés” que pueden irrumpir en su vida a diferente escala y propiciar el desarrollo de algún trastorno mental, además, estos pueden ser acumulativos durante alguna etapa de la vida y generar afectaciones tiempo después.

¿Para que nos sirve conocer los estresores más frecuentes que propician estas enfermedades? Pues es sencillo, para evitar, en la medida de lo posible, que las infancias, jóvenes y adultos estén expuestos ante estos factores de riesgo; la prevención del desarrollo de los trastornos es nuestro “tratamiento” más efectivo.

En este sentido, se ha documentado que diversas vivencias en la infancia son potencialmente riesgosas para desarrollar en la edad adulta algún trastorno mental como la depresión. Podemos mencionar, por ejemplo, el haber sufrido un abuso físico o sexual durante la niñez, que es uno de los eventos más alarmantes y que estadísticas han demostrado su efecto negativo cuando las personas crecen.

Un evento que se cree puede ser menos “directo” es ser testigo de la violencia domestica entre los padres o cuidadores del menor y, aunque al igual que con los demás estresores, una proporción de las personas que han vivido estos sucesos no desarrollan algún tipo de enfermedad mental, se ha distinguido que las personas tienen una mayor probabilidad de presentar algún trastorno mental vinculado a estas vivencias.

De esta manera, en un estudio publicado en Journal of Family Violence se propuso determinar si los antecedentes de enfermedad mental como depresión, ansiedad y trastorno por abuso de sustancias están vinculadas de manera significativa a la exposición durante la niñez de violencia doméstica crónica (más de 10 veces antes de los 16 años) entre los padres o cuidadores (VDC).

Para esto se realizó una evaluación con un total de 17739 personas las cuales fueron encuestadas para determinar si padecen o habían padecido alguno de los trastornos mencionados, así como si habían presenciado VDC, determinando que un total de 326 individuos afirmaron haber vivido estos eventos.

Los hallazgos encontrados fueron muy reveladores y se resumen de la siguiente manera:

  • 22.5% de los adultos expuestos a VDC desarrollaron trastorno depresivo mayor en algún momento de su vida en comparación con un 9.1 % de los adultos sin este antecedente VDC.
  • 15.2% de los adultos expuestos a VDC desarrollaron trastorno de ansiedad, en comparación con un 7.1% en adultos sin VDC.
  • 26.8 % de los adultos expuestos a VDC desarrollaron trastornos por consumo de sustancias, en comparación con un 19.2% del grupo control sin VDC.
  • Solo el 62.5% de las personas expuestas a VDC mantenían una salud mental adecuada, sin padecimiento de cualquier enfermedad mental, dependencia de sustancia o pensamientos suicidas, en comparación con un 76.1% de los adultos sin VDC.

De esta manera, las estimaciones indicaron que los adultos expuestos a violencia domestica parental durante la niñez tienen una mayor prevalencia de depresión, ansiedad y trastornos por abuso de sustancias en comparación con adultos que no experimentaron este desencadénate, por tanto, la probabilidad de mantener una salud mental sana y estable, es mucho menor en adultos con VDC.

De esta manera, se puede sugerir que este es un factor de riesgo que aumenta significativamente la probabilidad de padecer alguna enfermedad mental en la edad adulta. Es importante reconocer este hecho para poder prevenirlo en la medida de lo posible y priorizar el cuidado de los individuos durante la niñez promoviendo: infancias saludables para tener adultos saludables, eso ese el verdadero reto.

El reporte completo se encuentra en: Journal of Family Violence

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