Las razones por las que el apéndice no es tan inútil como muchos piensan

El apéndice es popularmente conocido por describirse como un órgano vestigial, si uno hace una búsqueda sencilla en el explorador como “Órganos vestigiales”, éste encabezará la lista. Esto significa que la estructura anatómica se ha conservado en nuestra especie a pesar de haber perdido su función ancestral primaria tras la evolución, dicho de otra forma, el apéndice carece de un propósito funcional en nuestro organismo.

Esta consideración se remonta a décadas atrás, específicamente a 1871 cuando Charles Darwin lo caracterizó como un órgano inútil que pudo haber perdido su función por cambios en la dieta o en hábitos de nuestros ancestros y, a través del tiempo, esta idea ha sido ampliamente aceptada, pero ¿Qué tan cierto es esto?

Pues bien, esta estructura se distingue como una bolsa cilíndrica que, anatómicamente, se encuentra conectada a la primera parte del intestino grueso conocida como ciego, y burdamente suele distinguirse como una “coma” que sale de este último órgano. Comúnmente se reconoce más por las complicaciones médicas que trae el apéndice, ya que su inflamación, mejor conocida como apendicitis, es un problema de salud muy frecuente en los humanos que suele resolverse mediante tratamiento quirúrgico al retirar este órgano.

Hoy en día hay distintas fuentes de evidencia que apuntan a que la idea de Darwin sobre el apéndice es errónea y que tiene funciones importantes en el organismo de los individuos que disminuye el riesgo de mortalidad.

Para comenzar, tras un análisis basado en la filogenia de 361 especies de mamíferos se determinó que no existe correlación entre la aparición del apéndice y cambios evolutivos en la dieta, vida social, el patrón de actividad o ecología, refutando así la idea de Darwin. Además, se identificó que la estructura apareció entre los mamíferos desde hace aproximadamente 80 millones de años y ha evolucionado mínimo 32 veces, lo que indica que debe tener un valor funcional importante.

De la misma manera, hace más de un siglo se realizó la observación de que el apéndice está compuesto de grandes cantidades de tejido linfoide asociado al intestino (GALT), sugiriendo que puede tener una función inmunológica importante. Además, tras algunos años de debate, se logró determinar que esta estructura funge como un “refugio” de los microorganismos beneficiosos que recubren ampliamente nuestros intestinos (microbiota intestinal), y, por tanto, tiene la capacidad de recolonizar al intestino de su microbiota tras una disminución de ésta derivado de infecciones gastrointestinales.

La recolonización del microbiota intestinal es sumamente importante ya que se sabe que ésta juega un papel vital en el organismo, esto se apoya con un estudió que determinó que el sistema inmunológico contribuye al crecimiento de estas biopelículas microbianas en el apéndice. En el mismo sentido, una evidencia indicó que las personas sin apéndice presentan mayor susceptibilidad al patógeno oportunista Clostridim difficile que se reconoce que infecta tras una disminución importante de la microbiota intestinal, esto demuestra que el apéndice cuenta con una función útil.

Por último, se tiene un reporte actual que indica que el apéndice se correlaciona con una mayor longevidad en los mamíferos, esto indica que esta estructura contribuye a la disminución de la mortalidad atribuible a funciones vitales en los sistemas biológicos.

De esta manera, existe evidencia contundente que demuestra que el apéndice no es un órgano vestigial, actualmente cumple funciones importantes en el organismo correspondientes al sistema inmunológico y a la microbiota intestinal que contribuyen a la salud de los individuos.

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