Los fetos humanos evolucionaron para retrasar el crecimiento del hombro y facilitar el parto

La evolución humana ha traído consigo una serie de cambios en la anatomía que han permitido las diferentes adaptaciones, por ejemplo, para caminar sobre dos piernas (bipedismo) y no sobre las cuatro extremidades como nuestros antepasados, pero esta transformación estructural ha traído consigo complicaciones en las madres al momento de dar a luz debido que se interpreta como un compromiso evolutivo.

Tres puntos de la anatomía humana son importantes durante el parto ya que propician un mayor riesgo de dificultades obstétricas en comparación con nuestros parientes evolutivos más cercanos: cabezas grandes que son resultado de cerebros más desarrollados, hombros anchos que proporcionan estabilidad durante la marcha bípeda y pelvis relativamente estrechas que sufrieron una remodelación para estabilizar mejor las articulaciones que permiten realizar una marcha en dos extremidades de manera más eficiente.

De esta manera, la diferencia entre las proporciones de pelvis estrechas desarrolladas en conjunto con hombros anchos y cabezas grandes propician una dificultad en dimensiones que podría limitar y generar mayores complicaciones a la hora del nacimiento de un nuevo humano. Ante esto se tiene el famoso “dilema obstétrico” que describe cómo las fuerzas evolutivas impusieron cambios en los esqueletos humanos contradictorios puesto que el crecimiento del cerebro y los hombros requieren una pelvis grande para el nacimiento, pero ésta disminuyó en tamaño a medida que los otros aumentaron.

Al menos en lo que respecta a la cabeza, se ha determinado que una de las adaptaciones que juega un papel importante para disminuir el riesgo durante el parto es el hecho de que la cabeza a la hora de la salida del feto por el canal vaginal es relativamente pequeña debido al característico desarrollo que lleva a cabo el cerebro, asimismo, las partes blandas del cráneo de los recién nacidos, denominas fontanelas, reflejan contribuciones a la contrariedad anatómica.

En este sentido, se describe en un artículo recientemente publicado por un grupo de investigadores en “Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America” que se desconoce si los hombros, al igual que la cabeza, cuentan con características que facilite el parto y se propusieron investigarlo. De esta manera, realizaron un seguimiento y comparación de imágenes de clavículas mediante tomografía computarizada en humanos, chimpancés y macacos desde la etapa fetal a la adulta.

Los resultados arrojados fueron asombrosos, se distinguió que, a diferencia de los chimpancés y macacos, el desarrollo de los hombros en los humanos tiene una característica muy peculiar que le permite ralentiza su crecimiento, en comparación con la longitud del tronco, a medida que se acerca el nacimiento, el cual retoma su velocidad normal después de acontecido esto. Resolviendo así la incompatibilidad de las estructuras anatómicas evolucionadas, indicando de esta manera que esta disparidad indujo otro tipo de adaptaciones, tanto en el desarrollo de los hombros como en la cabeza, para equilibrar los cambios y facilitar el parto en la medida de lo posible.

Por último, enuncia Morimoto, uno de los autores del reporte que -Este estudio nos motiva a seguir examinando hasta qué punto las limitaciones obstétricas y metabólicas de nuestros antepasados ​​han influido en la ontogenia humana en relación con las adaptaciones evolutivas-.

El reporte complete se encuentra en: Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America

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