Estructura cerebral crece excesivamente en niños con autismo

El día de ayer se celebró el “Día Mundial de Concienciación del Autismo” que busca, entre muchas otras labores, disminuir la estigmatización que se tiene ante los niños y personas que viven con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Esta afección neurológica de por vida que se desarrolla desde la niñez está actualmente en amplio estudio ya que, al igual que muchas otras enfermedades de este tipo, su complejidad no permite hacer generalizaciones para todos los pacientes y, por tanto, aún falta dilucidar muchas características de causas y consecuencias del trastorno.

Diversos estudios han demostrado que los individuos con TEA presentan variables afecciones en el desarrollo cerebral posnatal, lo que a su vez genera cambios en el comportamiento y en la percepción de su entorno. Un estudio actual publicado en The American Journal of Psychiatry demostró un crecimiento excesivo de la amígdala entre los 6 y 12 meses en bebés que desarrollaron autismo.

La amígdala es una estructura cerebral que se encarga en gran medida del desarrollo del comportamiento social, la cual se considera que juega un papel importante en el progreso del autismo, sin embargo, se desconoce el momento y el inicio de los cambios cerebrales durante la infancia y la relación que tienen estos con los cambios conductuales tipicos de TEA.

Este es el primer estudio que examina y sigue el curso del desarrollo de la amígdala para determinar cuál es el momento en el que se produce el crecimiento excesivo y en qué podría servir esta información para mejorar la atención médica ante el trastorno.

El estudio se realizó mediante la obtención de imágenes cerebrales por Resonancia Magnética a los 6 y 12 meses de edad, en 58 bebés que fueron diagnosticados después con TEA y 109 bebés control sin probabilidad de desarrollar TEA. Los resultados arrojaron que a los 6 meses todos los individuos tenían un tamaño normal de amígdala, pero en la segunda evaluación realizada a los 12 meses, los bebés con TEA mostraron un volumen de amígdala significativamente mayor, lo que indica que la tasa de crecimiento anormal se da en este periodo de tiempo.

De esta manera, la afección en el desarrollo de esta estructura se da antes de que se comiencen a notar los primeros síntomas del trastorno (12 meses) y mucho antes del diagnóstico (entre los 24 y 36 meses). Esto podría implicar que los cambios cerebrales se van dando de manera gradual durante el desarrollo posnatal temprano y, en el caso específico de la amígdala, su crecimiento precede la aparición de los primeros déficits sociales que se diagnostica en el autismo.

Finalmente, ante este panorama, se resalta la importancia del desarrollo de intervenciones tempranas que puedan permitir evitar, al menos hasta cierto punto, la alteración progresiva de la estructura cerebral, lo que implica realizar investigaciones contundentes en periodos previos a la presencia de los primeros síntomas que implican que ya existe un deterioro funcional.

El estudio completo se encuentra en The American Journal of Psychiatry.

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