Antepasado misterioso dejó huellas hace 3.7 millones de años. Fueron plasmadas antes de tropezarse

La historia del hombre se remonta más allá de lo que tenemos registro en libros o arquitectura, nuestra historia comienza mucho más atrás en aquel entonces cuando debíamos valernos por nosotros mismos en bosques y selvas cada noche despertar con vida era un lujo.

Debido a lo remoto de estos tiempos sólo es posible obtener información a través de huellas o restos quebradizos que aunque no se encuentran en perfecto estado nos hace posible distinguir y modelar la anatomía que pudo haber tenido y reconocer cuando se trata inclusive de una especie distinta.

En un estudio recientemente publicado que nos acerca a un descubrimiento que podría brindarnos más información sobre nuestra historia, fueron encontradas huellas de un antepasado humano que hasta la fecha son desconocidas de acuerdo con los registros con los que contamos.

Se trata de un hombre que caminó sobre ceniza volcánica al norte de Tanzania, África, en lo que anteriormente habían confundido con pisadas de oso. Se trata de una pieza que fue recuperada desde los años 70’s y que actualmente dicha ceniza fue endurecida hasta que se formó una roca y la podemos observar a mayor detalle.

«La identificación confiable de estas enigmáticas huellas en el sitio A de Laetoli será imposible hasta que estén más completamente limpiadas y seguidas lateralmente», mencionan los investigadores al haber almacenado durante décadas dicha huella y hasta ahora sale a relucir que se trató de un ser humano quien la generó.

McNutt utilizó diferentes huellas para realizar una comparación entre sí y determinar diferencias entre las huellas de un oso y las de un primate que anduvo en 2 extremidades en aquel entonces.

Después de horas de trabajo los investigadores pudieron determinar la especie que generó unas huellas cercanas a esta y no menos importantes, se trata del Australopithecus afarensis o mejor conocido como la misma especie a la que pertenece Lucy.

Estos homínidos contaban con una altura relativamente baja de unos 111 a 168 centímetros de altura.

La huella se piensa que pertenecía a un niño de unos 100cm de altura, sin embargo hay discrepancias al respecto. Inicialmente se pensaba que eran de oso, ya que tienen una morfología parecida, pero un tanto más ancha y corta.

En la impresión de la pisada se logró definir un dedo gordo del pie y un segundo dedo un tanto alargado con un talón ancho, que a diferencia de osos y chimpancés, presentan talones más estrechos y no sólo no cuenta con marcas de garras, sino que la distancia entre sus pisadas es pequeña a diferencia de la de un oso.

Curiosamente sus pies se encontraban el izquierdo más a la derecha que su pisada derecha y viceversa, con ambos pies bien apoyados en el suelo, lo que nos dice que se encontraba en una posición un tanto extraña como cuando uno se encuentra a punto de caerse y da una pisada peculiar en el último momento.

Sin duda son descubrimientos interesantes y que poco a poco nos muestran levemente más los misterios que la historia misma tiene con nosotros.

La información fue publicada en Nature.

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Alan Steve tiene una licenciatura en Bioquímica Clínica por la Universidad Nacional Autónoma de México y hace trabajo de investigación en la Unidad de Genética y Diagnóstico Molecular del Hospital Juárez de México. En internet, Alan es fundador de la comunidad Enséñame de Ciencia.