El efecto Einstein: La gente confía más en las tonterías si cree que las ha dicho un científico

Una nueva investigación ha demostrado que la mayoría de las personas son susceptibles al «Efecto Einstein».

Esta vida es nada menos que una fusión ennoblecedora de equilibrio sin restricciones. Existimos, creemos, renacemos. El infinito está electrificado con funciones de onda en expansión.  ¿Cómo te suena lo que acabas de leer? Espero que, a una completa tontería, porque eso es lo que es.

El texto fue generado por el New Age Bullshit Generator (en español, generador de tonterías de la Nueva Era), un algoritmo que combina palabras de moda de la nueva era y palabras aparentemente intelectuales para crear frases que suenan profundas. Los investigadores usaron este algoritmo para crear afirmaciones sin sentido y luego pidieron a miles de personas calificar las frases. La idea fue probar si las afirmaciones resultan más creíbles si procedían de un científico o un gurú espiritual.

En total, se incluyó a 10.195 personas de 24 países diferentes, a los que les pidió que calificaran la credibilidad de estas frases «charlatán», también se les preguntó sobre sus propios grados de religiosidad.

A pesar de que todas las afirmaciones eran un completo y absoluto disparate, el 76% de los participantes las calificaron en o por encima del punto medio de la escala de credibilidad cuando se las atribuyeron a un físico de partículas ficticio. Mientras que, solo el 55% consideró creíble el galimatías cuando se les dijo que procedía de una «autoridad espiritual» de la Nueva Era.

El físico ficticio fue llamado Edward K. Leal y el gurú Saul J. Adrian. Y como se percibe en los resultados, la mayoría de las personas encuentra más creíbles las declaraciones su proviene de un científico. Curiosamente, las personas que afirmaban ser muy religiosas también tenían más probabilidades de confiar en las declaraciones hechas por un científico que por un líder espiritual, aunque la preferencia fue ligeramente más débil.

«Generamos afirmaciones que son casi imposibles de (in)validar y que no guardan relación con temas científicos controvertidos o politizados sobre los que la gente puede tener fuertes actitudes previas (eficacia de las vacunas, cambio climático, etc.)», escriben los autores del estudio. «Al utilizar afirmaciones ambiguas sin ningún contenido ideológico específico, intentamos aislar el efecto de visión del mundo respecto a la fuente de cualquier efecto de visión del mundo relacionado con el contenido de las afirmaciones».

Los autores sugieren el hecho de tragarse disparates si se atribuyen a un científico se debe al denominado «efecto Einstein», donde las fuentes confiables de información reciben el beneficio de la duda debido a la credibilidad social que poseen. Por ejemplo, los autores explican que «la gente simplemente acepta que E = mc2 y que los antibióticos pueden ayudar a curar la neumonía porque lo dicen autoridades creíbles como Einstein y su médico».

«Desde una perspectiva evolutiva, la deferencia hacia autoridades creíbles como los profesores, los médicos y los científicos es una estrategia adaptativa que permite un aprendizaje cultural y una transmisión de conocimientos eficaces», escriben los investigadores. «De hecho, si la fuente se considera un experto confiable, las personas están dispuestas a creer en las afirmaciones de esa fuente sin entenderlos completamente».

Hoy en día, muchos consideramos fiables la información proveniente de un científico. Afortunadamente lo son, ya que en general se muestran como una buena dosis de escepticismo frente a las atrevidas afirmaciones. Ahora la tarea mínima debe ser, averiguar si se trata de un científico de verdad, y así no caer en una frase inspiradora creada por IA diseñada para generar tonterías.

Los hallazgos aparecen en la revista Nature Human Behavior.

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