Un equipo de científicos japoneses desarrolla una herramienta con la que se puede ver la conciencia humana

Todos hemos escuchado la palabra “conciencia”, pero pocas veces nos hemos detenido a pensar qué es lo que significa realmente este concepto.
Por ello es que un grupo de científicos en Japón se ha adentrado en el estudio de la conciencia humana, con el objetivo de entenderla, han desarrollado una herramienta que es capaz de ver la conciencia humana a través de la mecánica cuántica.
Anirban Bandyopadhyay, científico del Instituto Nacional de Ciencia de Materiales (NIMS) de Ibaraki, en Japón, menciona que: «Mi investigación ha consistido en comprender la música de la naturaleza. Creo que la conciencia no es más que la manifestación de la música».
Este científico hace referencia a la música como aquellas vibraciones resonantes del universo cuántico, el cual es capaz de plegarse en formas que se reflejan y amplifican las oscilaciones de todo lo que le rodea, pasando desde las estrellas, la tierra y las propias células de nuestro cuerpo.
Todo esto es lo que vibra en su propia gama de frecuencias electromagnéticas, por lo que cuando ondas de energía de la misma frecuencia chocan entre ellos, estos resuenan y su vibración silenciosa se hace más fuerte.
Dentro del universo, la resonancia de la que se habla es la música a la que el científico denomina “conciencia universal”, ya que considera que la conciencia humana es un subconjunto de esa cadena de resonancia, por lo que el universo “podría ser consciente y la conciencia humana podría ser su entidad funcional”.
Para identificar esto, Bandyopadhyay y su equipo trabajan en un dispositivo que podrá detectar esa resonancia en el cerebro humano, y también crean un cerebro artificial que sea capaz de interactuar con esa conciencia universal.
Anteriormente, si lo que se buscaba era observar la actividad cerebral humana, se recurría a un electroencefalograma que registra la actividad en cinco bandas de frecuencia de 1 a 100 hercios y funciona con una escala temporal de milisegundos, aunque Bandyopadhyay asegura que esa frecuencia no basta para comprender la música de la conciencia.
Para ello, diseñó una red llamada Dodecanograma, que consta de una red que se lleva en la cabeza y es capaz de capar una gama mucho más amplia, desde hercios hasta terahercios, que es una medida de frecuencia hasta un billón.
Así es que se logró descubrir no una, sino doce bandas de frecuencia en las que las actividades cerebrales son significativas. Y para que se pueda modelar todo el cerebro, se dieron cuenta de que era necesario ensamblar 12 capas de oscilaciones una dentro de otra, desde la más grande hasta la más pequeña.
Detrás de todos sus descubrimientos, hallaron una armonía de frecuencias, gracias al estudio de 12 regiones temporales discretas en las que las actividades cerebrales son significativas.
Cuando hubieron probado el dispositivo DDG con el fin de detectar la actividad en su réplica de cerebro orgánico artificial todo el día durante más de un año y en distintos humanos, llegando a la conclusión de que la mayoría de los estallidos cognitivos, perceptivos y emocionales se producen en torno a los 200-700 nanosegundos y no en milisegundos como se había creído durante mucho tiempo.

El objetivo de este científico no es definir la conciencia, sino que los humanos comprendan y recalibren la línea de la conciencia universal, construyendo un mundo mejor por medio de la observación de los patrones que la propia naturaleza ha creado: la invariables universales.
«Así que lo que intento decir es que nos integremos. Todos vivimos juntos, estamos sobreviviendo. Juntos sólo parecemos diferentes. Pero internamente estamos todos conectados por vibraciones. Todas las especies y vidas están conectadas». Finaliza Anirban Bandyopadhyay.
