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Un científico consumió hamburguesas radiactivas y su experimento ha logrado salvar millones de vidas

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Créditos de imagen: Pixabay

La comida es una de las prioridades del humano, y detrás de ella, hay una gran cantidad de preocupaciones y precauciones antes de consumirla, como por ejemplo, que tenga un buen sabor y calidad, pero sobre todo, que se encuentre en buen estado o no contenga un ingrediente que sea dañino para quien la consume.

Sin embargo, también la comida ha sido objeto de estudio por parte de muchos curiosos e investigadores, incluso llegando a añadir ingredientes poco convencionales con el objetivo de entender acerca de un tema relacionado con la comida.

Ejemplo de esto es un curioso experimento que llevó a cabo un estudiante, en donde está involucrada una hamburguesa y un ingrediente bastante extraño: la radiactividad extraño: la radiactividad.

George Hevesy, un estudiante que protagonizó una anécdota que serviría más adelante para sentar las bases necesarias para crear una herramienta que es capaz de salvar millones de vida en la actualidad.

Hamburguesas radiactivas

George Hevesy, un joven científico húngaro que trabajaba bajo la tutela de Ernest Rutherford en la Universidad de Manchester tenía la sospecha de que la comida que su casera le daba sobras de comida.

Por ejemplo, las hamburguesas que se servían un día anterior, eran servidas nuevamente como salsa boloñesa. Y aunque estas prácticas no eran cosa rara en esos tiempos y menos en alojamientos estudiantiles.

Por esta razón es que Hevesy quiso descubrir la verdad, y para tener certeza de esto, espolvoreó una pequeña cantidad de radio D, un isótopo radiactivo de plomo, conocido como Pb-210 sobre las hamburguesas antes de que fueran servidas.

Al día siguiente, cuando la comida fue servida, Hevesy llevó consigo un contador Geiger, el cual es un dispositivo capaz de detectar la radiación y lo pasó sobre el plato de comida. El aparato empezó a emitir sonidos, lo que significaba que efectivamente, la comida era reciclada.

Aunque pueda parecer una broma ingeniosa, lo cierto es que esto va mucho más allá, ya que sentó las bases para el desarrollo de lo que hoy se conoce como trazadores radiactivos. Gracias a la inseparabilidad de los átomos de plomo y radio, Hevesy pensó en la manera en la que se puede usar esta propiedad para rastrear sustancias en organismos vivos y otros sistemas.

Este funciona reemplazando un átomo común por su versión radiactiva, lo que vuelve a esa molécula más visible para ser seguida a través de diversos procesos biológicos y químicos.

Y fue en el año 1923 que Hevesy publicó su primer artículo sobre trazadores radiactivos, lo que en la actualidad permite rastrear las moléculas del cuerpo humano y observar cómo se mueven y transforman.

Recibió el Premio Nobel de Química en 1943, no solo por su descubrimiento de los trazadores radiactivos, sino porque fue parte importante en el desarrollo de técnicas que en la actualidad salvan millones de vidas.

Créditos de imagen: Pinterest

Y aunque en días modernos el uso de irradiación como forma de conservación para los alimentos sigue vigente, la idea de que la comida puede ser contaminada por radiación todavía existe, a pesar de que la irradiación que se utiliza en la comida para conservarla es completamente diferente a la nuclear, lo que hace segura a la comida.

Con respecto al uso de trazadores radiactivos, estos fueron trasladados al campo médico, lo que ayuda a que se obtengan imágenes más detalladas del cuerpo, lo que permite que se detecten enfermedades como el cáncer o patologías cerebrales.

Así es como una simple broma de estudiante fue capaz de revolucionar el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades, detectándose áreas de alta actividad metabólica, las cuales son típicas de los tumores cancerosos, lo que ha permitido que se lleven a cabo diagnósticos más rápidos y precisos.


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