La efectiva estrategia que usaban las mayas para no quedarse nunca sin agua limpia

Apenas acabamos de pasar por una de la crisis que todos teníamos miedo de vivir: un desabastecimiento que enfrentaba el sistema Cutzamala, importantísimo para la Ciudad de México y el Estado de México, la tormenta tropical Alberto nos trajo paz nuevamente al llenar algunas presas del país. Y esto nos hace cuestionar si de verdad contamos con tecnologías que puedan ayudarnos a no desabastecernos críticamente de tan apreciado líquido vital.
La antigua civilización maya, conocida por su avanzada ingeniería y un muy profundo conocimiento de la naturaleza, podría tener la clave para abordar uno de los retos más críticos de nuestro tiempo: la escasez de agua. Recientes investigaciones de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign revelan que los antiguos embalses construidos por los mayas almacenaban agua, pues gracias a estas acciones la purificaban de manera ingeniosa y eficiente.
Los embalses construidos por los antiguos mayas eran estructuras ingeniosamente diseñadas para almacenar y gestionar el agua en sus ciudades y comunidades. Estos embalses no eran simples reservorios, eran sistemas complejos que integraban técnicas avanzadas de ingeniería hidráulica con principios de purificación natural del agua.
Inicialmente, los embalses mayas comenzaron como pequeñas estructuras y evolucionaron hacia complejas redes de almacenamiento. Utilizaban técnicas como la captación de agua de lluvia mediante canales y sistemas de drenaje, aprovechando las lluvias estacionales para llenar y mantener los reservorios. Estas estructuras estaban estratégicamente ubicadas en áreas donde el acceso a fuentes superficiales de agua era limitado, pero que contaban con suelos fértiles ideales para la agricultura.

Utilizando plantas acuáticas y materiales naturales como arena de cuarzo y zeolita, los mayas filtraban el agua, eliminando impurezas y microbios dañinos. Además, la presencia de polen de plantas acuáticas como los nenúfares, símbolo de pureza y realeza en la cultura maya, indicaba por supuesto, una tremenda eficacia del sistema de purificación, así como también su integración con creencias y prácticas culturales profundamente arraigadas.
Este proceso beneficiaba la agricultura al utilizar las aguas tratadas como fertilizante para los fértiles suelos donde se desarrollaban sus ciudades. De hecho, una de las autoras del estudio explica que muchos de los centros urbanos mayas surgieron en regiones con suelos agrícolas excepcionales, pero sin acceso a fuentes superficiales de agua. Para compensar esta limitación, los mayas desarrollaron sistemas de embalses que comenzaron de manera modesta y evolucionaron hacia estructuras complejas y extensas. Estos embalses garantizaban agua para el consumo humano y también jugaban un papel crucial en la agricultura al proporcionar nutrientes vitales a través del riego y la utilización de residuos orgánicos.
Los embalses más eficientes, como los encontrados en la ciudad de Tikal en Guatemala, podían contener enormes cantidades de agua, suficientes para abastecer a una población de aproximadamente 800,000 personas y sus alrededores durante períodos críticos entre los años 600 y 800 d.C. Este facilitaba la vida urbana al proporcionar un entorno propicio para la agricultura urbana y el desarrollo de comunidades prósperas.
