Se ha descubierto el único ser vivo que “come” radiación nuclear en lugar de contraer cáncer

Hace ya 38 años, ocurrió un desastre en Chernóbil, uno de los accidentes nucleares más catastróficos de la historia de la humanidad. La explosión en la planta nuclear liberó una cantidad masiva de radiación, creando un entorno letal para la vida humana. La zona de exclusión alrededor del reactor se convirtió en un arriesgado punto de devastación y peligro, lo que significa el potencial destructivo de la energía nuclear mal gestionada. A pesar de esto y a lo largo de los años, la naturaleza, en su capacidad de adaptación, ha encontrado formas inesperadas de sobrevivir y hasta prosperar en este ambiente hostil.
Durante años, Chernóbil ha sido un laboratorio viviente para científicos que estudian los efectos de la radiación en los ecosistemas. Han observado cómo diversas formas de vida han ido regresando, desde plantas hasta animales salvajes, adaptándose de maneras inesperadas. Pero, entre todos estos descubrimientos, uno de los más sorprendentes es el de un hongo que no solo sobrevive a la radiación, ¡prácticamente la utiliza para crecer!
Estamos hablando del hongo Cladosporium sphaerospermum, tiene una habilidad que nadie más posee: convierte la radiación en energía química. Este proceso, conocido como radiosíntesis, es algo parecido a la fotosíntesis que realizan las plantas con la luz solar. La clave de este fenómeno radica en la melanina, un pigmento presente también en la piel humana, que en el hongo captura la radiación y la transforma en energía.
¿Cómo funciona específicamente?
Explicaremos esto, por ejemplo, la fotosíntesis es el proceso mediante el cual las plantas, algas y algunas bacterias convierten la luz solar en energía química. Utilizan clorofila para capturar la luz solar, y a través de reacciones químicas en los cloroplastos, convierten el dióxido de carbono y el agua en glucosa y oxígeno. Este proceso es fundamental para la producción de oxígeno y como base de la cadena alimentaria, ya que la glucosa generada es utilizada como energía para el crecimiento y desarrollo de las plantas.

En el caso específico de Cladosporium sphaerospermum, se cree que la melanina en los hongos radiotróficos actúa de manera similar a la clorofila en las plantas, permitiendo la conversión de la radiación ionizante en energía química que el hongo puede utilizar para crecer y desarrollarse.
El descubrimiento de este hongo en un lugar tan inhóspito como Chernóbil recupera las nuevas líneas de investigación en la ciencia y la tecnología. Por un lado, es sorprendente como, a pesar de haber estudiado varias especies, aún no somos capaces de encontrar los límites de la vida y su capacidad para adaptarse a condiciones extremas. Por otro lado, plantea posibilidades interesantes para aplicaciones prácticas. Por ejemplo, la radiosíntesis podría ser utilizada para desarrollar tecnologías que protejan a los astronautas de la radiación en el espacio, o para limpiar áreas contaminadas mediante bioremediación, un proceso que utiliza organismos vivos para descomponer o neutralizar contaminantes e incluso, encontrar nuevas fuentes de energía renovable.
Este hongo también nos lleva a reconsiderar la búsqueda de vida en otros planetas. Pues, si un organismo puede prosperar en un entorno tan hostil como Chernóbil, es posible que encontremos formas de vida en lugares que antes considerábamos inhabitables, como Marte o las lunas de Júpiter y Saturno, y a lo mejor no lo hemos considerado.
