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La estafa detrás de «Jurassic Park»: Científicos revelan cuál es la verdadera apariencia del T. rex

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La pantalla grande ha dejado volar nuestra imaginación, presentándonos impresionantes proyecciones sobre uno de los animales extintos favoritos por chicos y grandes, los dinosaurios.

Uno de los dinosaurios más emblemáticos y protagonista de un sinfín de eslogan y productos, es el Tyrannosaurus rex.

Sin embargo, gracias al trabajo de los paleontólogos, hemos sabido sobre datos erróneos que la taquillera película «Parque Jurásico» nos ha presentado.

Un nuevo estudio científico sugiere que los grandes dinosaurios depredadores, como el Tyrannosaurus rex, no tenían los dientes permanentemente expuestos como se presentan en las películas, por el contrario, poseían un par de labios escamosos parecidos a los de los lagartos, dejando de lado su intimidante semblante al cubrir y sellar su boca de forma muy similar a los dragones de Komodo.

La investigación fue publicada en la prestigiosa revista científica Science y ha sido toda una «sacudida» para el mundo de la paleontología.

¿Qué se sabe sobre los Tyrannosaurus rex?

«El Tyrannosaurus rex, cuyo nombre significa «rey de los lagartos tiranos», contaba con un musculoso cuerpo que medía 12 metros (aproximadamente), desde el hocico hasta la punta de su poderosa cola y un peso de hasta ocho toneladas», según National Geographic.

Este feroz dinosaurio perteneciente al grupo de los carnívoros, evolucionó de tal forma que logró triturar su comida con un cráneo rígido que le permitía dirigir toda la fuerza de sus músculos a un solo mordisco y utilizaba sus 60 dientes aserrados, de unos 20 centímetros de largo cada uno, para perforar y extraer la carne, lanzando a su presa al aire y tragándola entera.

Pero gracias la nueva investigación, los científicos examinaron la estructura dental, los patrones de desgaste y la morfología de la mandíbula de los reptiles con labios y sin labios, descubriendo que la anatomía y funcionalidad de la boca de los terópodos se asemeja más a la de los lagartos que a la de los cocodrilos.

«Nunca hubo un estudio o descubrimiento dedicado que instigara este cambio y, en gran medida, probablemente reflejó la preferencia por una nueva estética de aspecto feroz en lugar de un cambio en el pensamiento científico», expresó el coautor y doctor Mark Witton, Investigador Visitante en la Escuela de Medio Ambiente, Geografía y Geociencias.

Esta investigación contempló los tejidos orales similares a los de un lagarto, incluidos los labios escamosos que cubren sus dientes.

«Es sorprendente lo parecidos que son los dientes de los terópodos a los de los lagartos monitor», comenta el coautor del estudio, Derek Larson, director de Colecciones e Investigador en Paleontología del Museo Real de Columbia Británica (Canadá), confirmando que el dragón de Komodo hace gala de un aspecto similar al que podría lucir el T.rex aunque no estén emparentados.

Comparaciones de las reconstrucciones de T. rex. ( A ) Cráneo, basado en el espécimen FMNH PR 2081 del Field Museum of Natural History. ( B a E ) Dos reconstrucciones hipotéticas de la carne, una con dientes expuestos (B) y una sección transversal asociada del hocico (C) y otra con tejidos extraorales que cubre los dientes (D) y una sección transversal asociada del hocico (E). Fuente: Science

El tipo de labios con el que cuentan los reptiles (se asume que también los Tyranosaurus rex), no son musculosos; esto quiere decir que no se mueven de forma independiente como el de los mamíferos.

El estudio descubrió que el desgaste de los dientes en los animales sin labios difería al mostrado por los dinosaurios carnívoros. «Como le dirá cualquier dentista, la saliva es importante para mantener la salud de los dientes», explicó la coautora Kirstin Brink, Profesora Adjunta de Paleontología de la Universidad de Manitoba (Canadá). Al parecer, los dientes de este tipo de dinosaurios tenían un esmalte muy fino, y los labios ayudaban a protegerlos.

«Aunque en el pasado se ha argumentado que los dientes de los dinosaurios depredadores podían ser demasiado grandes para estar cubiertos por los labios, el estudio demuestra que, en realidad, sus dientes no eran atípicamente grandes», asegura Thomas Cullen, profesor adjunto de Paleobiología en la Universidad de Auburn (Estados Unidos) y autor principal del estudio.

Para más información consulta: Science


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