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¿Cuál es el impacto de los tatuajes en el sistema inmune? Lo que revela la ciencia

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Créditos de imagen: iStock

Los tatuajes tienen miles de años de historia. En la actualidad, forman parte de la expresión artística o identidad de una persona, volviéndose cada vez más populares. Sin embargo, pocas veces se piensa en si los tatuajes podrían interferir con el sistema inmune, aunque la ciencia ya tiene una respuesta para esto.

Para sorpresa de muchos, los tatuajes sí son capaces de activar el sistema inmune. Desde el momento en el que la tinta ingresa a la piel, expone al cuerpo a una importante carga química que dura un tiempo considerable. Debido a ello, es que surge la duda acerca de posible toxicidad o daños que la tinta pueda causar a la piel y el sistema inmune.

¿Cómo reacciona el sistema inmune ante la tinta de un tatuaje?

La preocupación puede surgir antes o después de realizarse un tatuaje. Comenzando por las consecuencias en el cuerpo que estos puedan tener. Y la realidad es que la preocupación es válida, pero va dirigida a una zona del cuerpo que siempre queda fuera de la tinta.

Investigaciones recientes han demostrado que algunas partículas de tinta pueden ingresar al sistema linfático y acumularse en los ganglios. Este detalle es importante, ya que los ganglios son clave para que el sistema inmune pueda filtrar bacterias, virus y otras partículas que dañen al cuerpo.

La razón es simple: cuando la tinta ingresa, no se queda solo en la superficie, sino que se aloja en la dermis, la capa media de la piel. En esta zona, el organismo lo reconoce como invasor, por lo que envía células inmunitarias para combatirlo. Sin embargo, las partículas resultan demasiado grandes como para que el sistema inmune pueda eliminarlas.

Esta es lo que explica porqué el tatuaje no se borra. Pero la tinta no es lo único permanente: también lo es la confrontación entre el sistema inmune y lo que él detecta como un agresor que no puede expulsar.

sistema inmune
Créditos de imagen: iStock

La preocupación ante pigmentos «invasores»

Manal Mohammed, microbióloga médica, explica que las tintas que se utilizan actualmente para realizar tatuajes contienen pigmentos para aportar color, vehículos líquidos para que sea sencillo distribuirlos y conservantes para evitar la proliferación de microbios, así como impurezas.

Estos, añadió la experta, fueron diseñados inicialmente para usos industriales y no para ser inyectados en el cuerpo. Por ello es que los investigadores han detectado contaminación con metales pesados. Como níquel, cobalto, cromo e incluso, plomo. En grandes cantidades, estas sustancias pueden ser tóxicas y aumentar riesgo de daño en órganos y cáncer.

También se relacionaron con reacciones alérgicas y sensibilidad inmunitaria. Las que suelen ocasionar esto son las tintas rojas, amarillas y anaranjadas. La roja se relaciona con picazón persistente, hinchazón y granulomas; dichas reacciones se deben en gran parte a sales metálicas y pigmentos azoicos.

Estos pueden degradarse a aminas aromáticas en cuanto se exponen a radiación, y a su vez, las aminas se han relacionado con cáncer y daño genético. Mientras que los pigmentos negros pueden contener hidrocarburos aromáticos policíclicos, que se encuentran en el hollín, gases de escape de vehículos y alimentos carbonizados, considerados como cancerígenos.

¿Los tatuajes están relacionados con el cáncer?

No. Hasta el momento, no hay evidencia directa de que los tatuajes causen cáncer en humanos, pero algunos estudios sí sugieren que puede haber riesgos. Aunque un estudio publicado en la revista Springer Nature encontró que personas tatuadas tienen un 29% más riesgo de melanoma, pero investigaciones recientes no hallaron esa coincidencia.

Lo que sí es real es que, debido a que los tatuajes rompen la barrera cutánea, puede facilitar la entrada de patógenos como los Staphylococcus aureus, hepatitis B, hepatitis C y, en casos raros, infecciones micobacterianas atípicas.


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