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El beso: ¿Un simple gesto o una gran señal de la evolución?

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Cuando dos personas se besan, se desencadenan una serie de efectos bioquímicos que impactan tanto el cuerpo como la mente. Este acto íntimo activa hasta 30 músculos faciales, lo que no solo genera una respuesta física, sino que también estimula la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la oxitocina. La dopamina está asociada con el placer y la recompensa, mientras que la oxitocina, conocida como la «hormona del amor», fortalece los lazos emocionales y el apego entre las personas.

Además, el beso puede influir en la percepción de la compatibilidad y la fertilidad, ya que se intercambian señales químicas a través del aliento y el sudor. Este intercambio no solo genera una sensación de bienestar y felicidad, sino que también puede aumentar la excitación y el deseo.

En resumen, besar no solo es un acto romántico, sino que también tiene profundas implicaciones bioquímicas que afectan nuestras emociones y relaciones.

¿Por qué nos besamos? Origen y significado evolutivo de este gesto universal

Los besos no son una simple moda moderna: esta muestra de afecto tiene raíces profundas en nuestra historia, y recientemente un equipo de investigadores de la Universidad de Warwick ha estudiado su posible origen biológico. En este momento, en algún aeropuerto del mundo, una pareja se reencuentra después de meses separados, y el momento culmina, como en muchas películas románticas, con un beso. Pero, ¿por qué los humanos expresan su afecto de esta forma y no con otro gesto, como los monos capuchinos que se meten los dedos en los ojos para mostrar cariño?

No importa si estamos en la India, Nicaragua o Bielorrusia; el beso es una señal de cariño y cercanía reconocible en casi todas las culturas. Un ejemplo muy antiguo de esta práctica son «Los amantes de Ain Sakhri», una figura tallada hace unos 10,000 años que muestra a dos personas en un abrazo y beso. A lo largo de la historia, el beso ha sido un símbolo de afecto. Pero, ¿hay una razón evolutiva detrás de esta práctica? Un estudio de la Universidad de Warwick, publicado en Evolutionary Anthropology, sugiere una conexión con la costumbre de acicalarse entre los primates.

Chimpancés en beso, créditos a BBC

Besar: un comportamiento natural moldeado por lo social

El beso es uno de los gestos de afecto más recordados en la vida de una persona, y aunque en diferentes culturas el acto de besar varía, la función social que desempeña parece ser universal. En la Roma antigua, por ejemplo, se usaban distintos tipos de besos según el tipo de relación: el «savium» para el beso erótico y el «osculum» para un beso familiar en la mejilla. Hoy en día, los «dos besos» en Europa, de mejilla a mejilla, son comunes entre hombres y mujeres o entre mujeres, pero no tanto entre hombres, debido a normas sociales. Sin embargo, los investigadores han detectado que, más allá de las diferencias culturales, el beso cumple una función de regulación social que apunta a una base biológica antigua.

¿Qué nos dicen los primates sobre besar?

Durante décadas, los científicos han intentado comprender el origen del beso. Una teoría sugiere que besar es una forma de «olfateo» social, mientras que otros investigadores lo vinculan con el reflejo de lactancia debido a los movimientos similares de ambos comportamientos. Sin embargo, estas teorías no explican del todo su vínculo con la intimidad. Los científicos del estudio observaron que los grandes primates se acicalan para eliminar parásitos y, a su vez, refuerzan sus lazos sociales. Al terminar el aseo, suelen tocarse con los labios, en un gesto similar a un beso humano.

En el caso de los humanos, la evolución hizo que el acicalamiento dejara de ser una necesidad al reducirse el pelaje corporal. Sin embargo, el contacto con los labios, que en los primates refuerza vínculos, se mantuvo en nuestra especie como un medio para expresar cercanía y afecto, mostrando un paralelo entre el beso humano y el acicalamiento.

Este nuevo enfoque sugiere que el beso, lejos de ser una simple expresión cultural, tiene raíces en los comportamientos sociales de nuestros ancestros, actuando como un vínculo social único que ha sobrevivido a través del tiempo.


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