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Estudiaron un enorme meteorito y resulta que aportó más elementos para la vida que otras teorías

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FUENTE: Getty Images

Es claro: hace 3,260 millones de años, cuando la Tierra era un lugar completamente diferente, un meteorito enorme, de entre 37 y 58 kilómetros de diámetro, vino directo desde el espacio y chocó contra nuestro planeta. La fuerza del impacto fue 200 veces más potente que la del famoso asteroide que, millones de años después, acabaría con los dinosaurios en la península de Yucatán. Lo que pasó ese día fue caótico y devastador, pero curiosamente no todo fue malo.

El caos tras el impacto

Cuando este meteorito, al que los científicos llaman S2, hizo contacto con la Tierra, la atmósfera se calentó tanto que los océanos empezaron a hervir. Fue un verdadero desastre: tsunamis gigantes arrasaron con todo lo que había en su camino y el fondo del mar se desgarró por completo. Los pobres microorganismos que vivían en la superficie o que necesitaban luz para sobrevivir fueron eliminados casi por completo. La Tierra quedó en un estado crítico, y parecía que todo se había perdido.

Aunque el panorama era terrible, aquí es donde viene lo interesante: el meteorito trajo consigo nutrientes clave, como fósforo e hierro, esenciales para la vida. Además, los tsunamis mezclaron las aguas profundas con las superficiales, y eso funcionó como un «fertilizante» natural que preparó el terreno para que la vida resurgiera rápidamente. En tan solo unos años o décadas, cuando la temperatura se estabilizó y el polvo del impacto se asentó, la vida en los océanos volvió a florecer con fuerza.

En ese tiempo, la Tierra no tenía oxígeno como ahora, ni células complejas con núcleo. Los que dominaban los océanos eran bacterias y arqueas, organismos simples pero súper resistentes. Estos microbios, aunque pequeños, fueron los verdaderos campeones del momento. A diferencia de los dinosaurios, que desaparecieron por completo tras el impacto de su asteroide, estas criaturas primitivas supieron adaptarse y prosperar en las nuevas condiciones.

FUENTE: PNAS/ Nadja Drabon

Gracias a los nutrientes liberados por el meteorito, las bacterias que usaban hierro como fuente de energía encontraron el ambiente perfecto para multiplicarse. Es como si el desastre les hubiera dado una segunda oportunidad, con mejores condiciones para crecer.

Los científicos que estudiaron este impacto, liderados por Nadja Drabon de la Universidad de Harvard, encontraron pruebas físicas de lo que pasó: pequeñas esferas de roca vaporizada llamadas esferulitas y sedimentos marinos mezclados con restos del tsunami. En esas capas, había incluso fósiles de bacterias, lo que confirma que la vida rápidamente empezó a expandirse de nuevo.

Drabon y su equipo explican que este evento fue un punto de inflexión para la vida en la Tierra. A pesar del caos, la vida se adaptó y aprovechó los nutrientes del meteorito para crecer con más fuerza. Andrew Knoll, otro experto del estudio, agrega que en esa época la Tierra era un mundo acuático, sin casi tierra firme ni volcanes, y sin el oxígeno que hoy respiramos. Fue un ambiente difícil, pero aun así, la vida encontró la manera de salir adelante.


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Luis Arana

Químico de profesión, ama la bioquímica y los procesos metabólicos. Fiel amante de la poesía.

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