Esta mujer jugó con su propio cerebro, y al ver sus tomografías no pudo creer lo que descubrió

Vamos a hablar un poco de Ana Triana Hoyos, una neuróloga colombiana que decidió hacer algo bastante revolucionario en el campo científico: estudiar su propio cerebro para entender mejor cómo cosas como el ejercicio, el sueño y el estrés afectan nuestra mente. Y lo que encontró es bastante inquietante: los efectos positivos del ejercicio y dormir bien pueden durar hasta 15 días. O sea, si tienes una buena rutina de sueño hoy, a parte de que te sentirás bien mañana, tu cerebro podría seguir mejorando durante dos semanas.
Para lograr esto, Ana se sometió a una serie de pruebas bastante curiosas durante cinco meses. Cada lunes y viernes se hacía una resonancia cerebral mientras veía una película. No es que estuviera obsesionada con «El Gran Hotel Budapest» (que fue la película elegida), ella la veía para monitorear su actividad cerebral y ver cómo reaccionaba su mente con el tiempo. Además, también hacía ejercicios mentales para medir sus reflejos y memoria, y todo esto se comparaba con los datos de su actividad física y emocional que recogía con un reloj, un anillo inteligente y su teléfono.
Lo que Ana quería lograr con este estudio era observar cómo el cerebro cambia con el tiempo cuando lo expones a factores externos como el ejercicio, el estrés o el descanso. Es decir, trataba solo de ver qué pasa en el cerebro en un momento específico, pues también, al analizar cómo esos efectos perduran. Y, efectivamente, descubrió que cuando duermes bien, haces deporte o te relajas, los beneficios no desaparecen al día siguiente. Esos efectos se quedan en el cerebro, como ondas que se expanden en el agua, cada vez más débiles, pero presentes hasta 15 días después.
Algo muy curioso de esto es, que la mayoría de estudios sobre el cerebro solo miden un instante. Por ejemplo, te hacen una prueba en un solo momento y sacan conclusiones. Pero Ana quiso hacer algo distinto: en lugar de tomar solo una «foto» de su cerebro, quiso hacer un «video» para ver cómo fluye su actividad mental con el tiempo. De ahí surgió la idea de monitorear su cerebro de manera continua, registrando todos esos cambios a lo largo de meses.
Otro punto clave que descubrió Ana fue que la calidad del sueño es más importante que la cantidad. Claro, esto no es algo nuevo; todos hemos oído lo de «es mejor dormir bien que dormir mucho», pero Ana lo demostró con datos científicos. Lo que más impactaba su actividad cerebral era qué tan bien había descansado.

Matti Ahlgren para la Universidad de Aalto
Además de esto, también notó algo muy interesante: hacer ejercicio mejoraba notablemente sus reflejos y su agilidad mental. O sea, no solo te sientes bien después de entrenar, también tu cerebro se vuelve más ágil. Aunque esto es algo que podríamos intuir, verlo demostrado científicamente es otro nivel.
El estudio de Ana no es el primero en su tipo. Hace algunos años, un científico llamado Russell Poldrack hizo algo similar con su cerebro, pero se enfocó más en los efectos de la cafeína y la alimentación. Lo novedoso del estudio de Ana es que, gracias a la tecnología actual, pudo medir factores como el sueño y el deporte con dispositivos mucho más avanzados, que ofrecen resultados más precisos.
Ahora, a pesar de que el estudio solo se hizo con el cerebro de Ana, los resultados nos hacen pensar que los efectos de cosas como el estrés o el ejercicio podrían ser similares en otras personas. Y aunque cada cerebro es único, lo que está claro es que nuestro entorno y nuestras decisiones diarias sí tienen un impacto importante en nuestra mente. Si llevamos una vida saludable, nuestro cerebro se beneficia y esos beneficios pueden durar más de lo que pensamos.
