El Telescopio Espacial James Webb captura una imagen sin precedentes de esta enigmática nebulosa

Las observaciones que se han llevado a cabo por medio de los avances tecnológicos fuera de las fronteras terrestres han sido posibles gracias a artefactos como los telescopios Hubble y James Webb, los cuales han realizado grandes hallazgos que han marcado un antes y después en la historia de la astronomía.
En especial, los descubrimientos del James Webb han sido parte importante, ya que han logrado aclarar algunas de las interrogantes que por más tiempo han persistido entre la comunidad científica.
Uno de los misterios que más ha intrigado a los astrónomos es el polvo interestelar, el cual tiene una gran capacidad de ocultar de la vista lo que lo envuelve. Y debido a los altos niveles de concentración de este, los objetos astronómicos visibles, a menos que no se busquen longitudes de onda visibles, sino longitudes de onda infrarrojas.
Muestra de ello es la reciente observación de la nebulosa NGC1333 que realizó el telescopio espacial James Webb, una de las regiones de formación estelar más cercanas a la Tierra. Se trata de una pequeña nebulosa situada en dirección de la constelación de Perseo, que forma parte de un complejo mucho mayor, la Nube Molecular de Perseo que se sitúa en el llamado Brazo de Orión, a 960 años luz de la Tierra.
Una de las principales características de esta nube es que en ella se está produciendo una intensa formación estelar, pero solo de pequeña masa, la cual puede ser similar o inferior al Sol, tomando en cuenta que la masa del Sol es la de una estrella enana.
Esta nebulosa es una nebulosa de reflexión. El gas y el polvo que lo componen son visibles al ser iluminados por una estrella muy brillante situada cerca de esta nebulosa.
Con el tiempo, esta nebulosa se ha podido observar tanto en la banda visible como en la infrarroja, y aunque las observaciones en la banda visible solo permitieron observar las capas exteriores iluminadas por la estrella brillante cercana, las observaciones realizadas en banda infrarroja permitieron observar sus capas interiores gracias a los objetos astronómicos que contiene.
Debido a los instrumentos sensibles a la radiación infrarroja del telescopio espacial James Webb es que se ha logrado atravesar el polvo interestelar y detectar los objetos astronómicos que se encuentran en su interior, y lo que capturó fueron objetos bastante interesantes.
Se trata de estrellas recién nacidas que están todavía envueltas en polvo, lo que podría decirse que se trata de un auténtico vivero estelar, aunque también hay enanas marrones, lo que significa que son objetos con masas entre el límite de las estrellas más pequeñas y los planetas gigantes y objetos de masa planetaria.

Las observaciones infrarrojas del Webb revelan el interior de la región, en donde el color naranja muestra la distribución del polvo iluminado por las estrellas más brillantes, y casi todas las nanoestrellas, es decir, los puntos rojos dentro de la nebulosa, los cuales tienen un disco dentro del cual sea probable que se estén formando o se formarán planetas.
En conclusión, lo que vemos en NGC1333 es probablemente el mismo tipo de nube en la que se formaron el Sol y su sistema solar hace 4.600 millones de años, lo que resulta muy útil para conocer las características del entorno en el que nació y evolucionó el Sol en su primer millón de años de vida.
