El accidente de 1912 que explica por qué el acero de hoy en día es INOXIDABLE

El óxido es algo con lo que todos estamos familiarizados. Esa capa rojiza y fea que aparece en el metal cuando está mucho tiempo al aire libre o en contacto con el agua, la hemos visto en objetos como barandales, autos viejos o herramientas olvidadas. Esto pasa porque el hierro, que es el principal componente del acero, tiene una gran facilidad para oxidarse. Básicamente, al estar en contacto con el aire o el agua, el hierro tiene una reacción química con el oxígeno, que termina por convertirlo en lo que conocemos como óxido.
Ahora, aunque el acero es una aleación más resistente que el hierro puro, sigue siendo vulnerable a este proceso de corrosión. ¿Por qué es un problema? Bueno, porque además de verse mal, el óxido debilita el material, lo que puede hacerlo peligroso, sobre todo en construcciones o maquinaria.
Aquí es donde entra el acero inoxidable, un tipo especial de acero que, como su nombre lo dice, ¡no se oxida! Así que, cómo seguramente te lo dijo tu profesor de química: “Todo, todo, es química” hablemos precisamente de la química del material. El acero común está compuesto principalmente de hierro (99%) y una pequeña cantidad de carbono, pero el acero inoxidable tiene un menor porcentaje de hierro, y además contiene cromo (más del 10.5%) y, a veces, níquel. Este cromo es la clave para que no se oxide.
Cuando el cromo del acero inoxidable entra en contacto con el oxígeno, ocurre algo muy interesante: se forma una capa muy, muy delgada de óxido de cromo en la superficie del metal. Esta capa actúa como un escudo protector que impide que el oxígeno llegue al hierro. Y lo mejor de todo es que, si esta capa llega a dañarse, se autocura; es decir, el cromo reacciona de nuevo con el oxígeno y se regenera esa capa protectora.
El accidente
Lo curioso es que el acero inoxidable fue descubierto por accidente en 1912 por un metalúrgico inglés llamado Harry Brearley. Él estaba buscando una aleación de acero resistente para cañones de armas, y en el proceso mezcló hierro, carbono, cromo y níquel. Aunque esa mezcla no sirvió para su propósito original, lo tiró a su patio y, semanas después, notó que ese pedazo de metal seguía brillante y sin rastro de óxido. De ahí, se le ocurrió la genial idea de perfeccionarlo y lanzarlo al mundo en 1915.

A pesar de todas sus ventajas, el acero inoxidable es más caro de producir que el acero común. De hecho, cuesta entre tres y cinco veces más hacerlo, principalmente porque incluye metales especiales como el cromo y el níquel. En algunas aplicaciones, como las submarinas, se añade molibdeno, lo que encarece aún más la producción. Por esa razón, muchas veces se opta por usar acero regular, pero se le aplica una capa de pintura u otro tipo de recubrimiento para evitar que se oxide.
Aun así, el acero inoxidable es el favorito en muchas industrias, especialmente en la producción de alimentos. A diferencia de otros metales como el aluminio o el cobre, el acero inoxidable no se corroe cuando entra en contacto con ácidos de los alimentos o productos de limpieza. Además, no afecta el sabor ni contamina los alimentos, lo cual es esencial en utensilios de cocina y maquinaria de procesamiento.
Otra gran ventaja es que el acero inoxidable es muy fácil de limpiar y desinfectar, ya que tiene una superficie no porosa. Esto lo hace ideal para ambientes donde la higiene es fundamental, como en hospitales y cocinas industriales. También es mucho más duradero que el aluminio, por lo que puedes usarlo durante años sin que pierda sus propiedades.
