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Si los agujeros negros no emiten luz, ¿cómo sabemos que se encuentran ahí?

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FUENTE: Getty Images

¿Qué te imaginas cuando escuchas “agujeros negros”? Sí, esos misteriosos monstruos cósmicos que no dejan de ser investigados en efecto son verdaderamente negros. Esto significa que no emiten luz; cualquier cosa que cruce su horizonte de eventos, el punto de no retorno, es irremediablemente tragada y no puede escapar, ni siquiera la luz. Entonces, ¿cómo es que sabemos que existen y, aún más interesante, cómo podemos «verlos»?

Primero, ¿cómo se forma un agujero negro?

Los agujeros negros se forman cuando una estrella masiva agota su combustible nuclear y no puede seguir soportando su propia gravedad. La estrella colapsa bajo su propio peso, comprimiendo toda su masa en un punto infinitesimal conocido como singularidad. Este punto tiene una densidad infinita, y su atracción gravitacional es tan fuerte que ni la luz puede escapar de ella.

¿Entonces, por qué los podemos ver?

Ahora bien, como no emiten luz, los agujeros negros son invisibles para los telescopios convencionales. Sin embargo, su influencia gravitacional sobre los objetos cercanos revela su presencia. Los gases y material que rodean a un agujero negro, al ser atraídos hacia él, se calientan hasta millones de grados y comienzan a emitir radiación electromagnética en forma de rayos X, luz visible, y otras ondas. Este fenómeno se conoce como radiación de acreción.

Pero, ¿qué es exactamente esta radiación?

Cuando el material cae hacia el agujero negro, forma un disco de acreción alrededor de él. Este disco gira a velocidades extremas, y la fricción generada entre las partículas del material en el disco lo calienta a temperaturas extremadamente altas. A medida que el material se calienta, emite radiación que puede ser detectada por nuestros telescopios, especialmente en el rango de los rayos X.

Además, existe otro fenómeno conocido como «efecto de lente gravitacional». Los agujeros negros pueden doblar la luz de estrellas y galaxias distantes que pasa cerca de ellos, actuando como una especie de lente cósmica. Esta distorsión en la luz nos permite inferir la presencia de un agujero negro, aunque no podamos verlo directamente.

En cuanto a la radiación de Hawking, este es un concepto teórico propuesto por el físico Stephen Hawking. Según la mecánica cuántica, los agujeros negros no son completamente negros; emiten una débil radiación conocida como radiación de Hawking debido a efectos cuánticos cerca del horizonte de eventos. Sin embargo, esta radiación es extremadamente difícil de detectar y no es la forma en que usualmente «vemos» un agujero negro.

FUENTE: National Geographic

Así que, no «vemos» los agujeros negros en el sentido convencional. Más bien, detectamos su efecto en el entorno que los rodea. Los agujeros negros son invisibles en sí mismos, pero los gases calientes en el disco de acreción, la radiación emitida, y las distorsiones gravitacionales nos permiten identificarlos y estudiar sus propiedades. Por lo tanto, aunque sean oscuros y todavía misteriosos, los agujeros negros no son completamente invisibles, ya que su impacto en el universo es palpable.


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Luis Arana

Químico de profesión, ama la bioquímica y los procesos metabólicos. Fiel amante de la poesía.

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