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El pan dulce mexicano que solo podían comprar los RICOS en la época del Porfiriato

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Durante el Porfiriato, periodo de gobierno del presidente Porfirio Díaz que abarcó de 1876 a 1911, México experimentó una serie de cambios significativos. Este era un tiempo de modernización y crecimiento económico, pero también de gran desigualdad social. La élite, compuesta principalmente por extranjeros y la clase alta mexicana, disfrutaba de lujos y comodidades que estaban fuera del alcance de la mayoría de la población. Entre estos lujos, se encontraba una selección de panes finos y dulces, incluyendo la famosa «oreja».

El pan «oreja» es un delicioso y crujiente pastelillo que ha encontrado su lugar especial en la repostería mexicana. Con una forma que se asemeja a una oreja, este pan es conocido por su textura hojaldrada y su sabor dulce y ligero. Sin embargo, detrás de su popularidad actual hay una historia peculiar que se remonta a los tiempos del Porfiriato en México.

Resulta que la «oreja» es una variedad de pan que se origina en la pastelería francesa, conocida como «palmier» o «elephant ear» en inglés. Este pan llegó a México durante la época del Porfiriato, cuando las influencias europeas, especialmente las francesas, estaban en su apogeo. La repostería francesa era símbolo de estatus y refinamiento, y aquellos que podían permitírsela eran considerados parte de la clase alta.

¿Cómo se hace la oreja?

El proceso de elaboración de la «oreja» es laborioso y requiere de habilidad. Se trata de una masa de hojaldre, que se logra mediante múltiples capas de masa y mantequilla dobladas repetidamente para crear una textura ligera y crujiente. Una vez preparada la masa, se espolvorea con azúcar y se dobla en forma de oreja antes de hornearla hasta obtener un color dorado. El resultado es un pan crujiente por fuera y ligeramente caramelizado, con una textura que se deshace en la boca.

FUENTEL Getty Images

Durante el Porfiriato, los mexicanos de clase alta disfrutaban de la «oreja» en elegantes cafés y pastelerías que imitaban el estilo parisino. Estos lugares ofrecían dulces y panes, también un espacio para la socialización y la demostración de estatus. La «oreja» se convirtió en un símbolo de lujo y sofisticación, un placer reservado para aquellos que podían permitirse los ingredientes y el tiempo necesario para su preparación.

Con el tiempo, la «oreja» se democratizó y pasó a formar parte de la repostería cotidiana en México. Hoy en día, este delicioso pan se encuentra en casi todas las panaderías del país, accesible para personas de todas las clases sociales. Su popularidad ha trascendido su origen elitista y se ha convertido en un favorito de muchos mexicanos. Ya no es necesario ser parte de la clase alta para disfrutar de una «oreja»; cualquier persona puede deleitarse con su sabor y textura en el desayuno, la merienda o como un antojo ocasional.

Lo que una vez fue un símbolo de opulencia y exclusividad, hoy es un delicioso recordatorio de la rica herencia cultural y gastronómica que define a México.


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Luis Arana

Químico de profesión, ama la bioquímica y los procesos metabólicos. Fiel amante de la poesía.

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