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La peligrosa razón por la que no se debe de comer la cabeza de los camarones

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Los camarones son considerados los crustáceos marinos por excelencia y disfrutados por muchas personas. Este pequeño animal, que puede habitar tanto aguas dulces como saladas, destaca por su peculiar forma y exquisito sabor. Los camarones son una excelente fuente de proteínas y diversos nutrientes, una opción saludable para quienes buscan mantener una dieta equilibrada, dado su bajo contenido en grasas y calorías. 

Los mariscos se consideran un manjar en diversas zonas costeras, que pueden causar exquisitos platillos con una variedad de preparaciones. Su distintivo sabor los coloca por encima de otros crustáceos y platos culinarios. Aunque los mariscos puedan agradar a muchos, también se conocen como «cucarachas del mar», denominación que sugiere relación con estos insectos por la presencia de patógenos que podrían representar un riesgo para la salud. 

Hay que considerar que el aumento en la producción de camarones ha intervenido múltiples industrias, descuidando los estrictos controles para prevenir la propagación de patógenos, como hongos, virus, parásitos y bacterias. Este desequilibrio puede propiciar el surgimiento de enfermedades, por lo que es fundamental seleccionar lugares confiables donde la higiene sea prioritaria, pues podría desencadenar enfermedades bacterianas, constituyendo un problema grave. 

La peligrosa razón por la que no se debe de comer la cabeza de los camarones 

No debes alarmarte, es crucial considerar la cantidad de consumo de este alimento, ya que tanto las bacterias presentes en el camarón como las del género Vibrio, responsables de la vibriosis, una enfermedad gastrointestinal, están presentes no solo en los camarones, sino también en otros mariscos y pescados de agua salada. Además, es fundamental tener en cuenta que la preparación adecuada es esencial para minimizar el riesgo de enfermedades. 

Antes de consumirlos, asegúrate de limpiarlos adecuadamente, ya que el riesgo radica en la cabeza, las patas, las aletas y el caparazón. Según la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición, los camarones contienen una alta concentración de cadmio y otros metales. 

El cadmio (Cd) es un metal pesado natural altamente tóxico para los humanos en cantidades significativas, propenso a acumularse en el hígado y los riñones, provocando disfunción renal y desmineralización de los huesos. Después de una prolongada exposición, puede llegar a provocar un fallo renal y cáncer. La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) clasificó el cadmio como Categoría 1 (cancerígeno para los humanos). 

Los mariscos, debido a la acumulación de cadmio en la hepatopáncreas, una parte del sistema digestivo situada en la cabeza, presentan niveles elevados de este metal. Por tanto, al consumir estos crustáceos, es recomendable desechar la cabeza, pues la concentración de cadmio en esta región es cuatro veces mayor que en otras partes como el abdomen. 


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