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¿Carne roja o blanca? Expertos ya dijeron cuál de las dos es la más saludable

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El eterno debate entre la carne roja y la carne blanca ha llevado a discusiones sobre cuál es la opción más saludable. Organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya han advertido sobre el de ambos tipos de carne. Explorar las propiedades nutricionales y los hallazgos de estudios es esencial para entender mejor las implicaciones de elegir entre estos dos tipos de carne, lo cuál es el propósito de esta nota.

¿Qué tiene una que no tenga la otra?

En primer lugar, es crucial definir qué se entiende por carne roja y carne blanca. La carne roja abarca los músculos de mamíferos como ternera, cerdo, cordero, caballo o cabra. En contraste, la carne blanca incluye aves como pollo y pavo, así como conejo, codorniz y perdiz. Esta distinción no solo se basa en el color o el animal de la cual proviene, hay un factor diferencial clave: su composición de grasas y otros componentes.

En 2015, la OMS clasificó la carne roja como «probablemente carcinógena para los humanos». Esta clasificación se basó en evidencia limitada que sugiere un aumento en el riesgo de cáncer colorrectal, de páncreas y de próstata asociado con su consumo. Un estudio de la Universidad de Harvard respalda esto al encontrar que el consumo diario de carne roja no procesada aumenta el riesgo de mortalidad en un 13%, llegando al 20% con la carne roja procesada, como los embutidos.

Entonces, ¿carne roja o blanca?

Vayamos analizando un poco más, la carne roja también se ha relacionado con problemas como el desarrollo del síndrome metabólico en pacientes con riesgo cardiovascular y un mayor riesgo de diabetes, especialmente con el consumo de carne procesada. El hierro hemo presente en la carne roja, cuando se consume en exceso, puede generar radicales libres y activar procesos inflamatorios.

En contraste, la carne blanca se presenta como una opción más saludable. Es baja en grasas saturadas, rica en proteínas de calidad, vitamina B12 y muestra una relación inversa con la mortalidad total, según estudios. Sin embargo, también enfrenta críticas, ya que algunos estudios sugieren que, en términos de colesterol, su impacto es similar al de la carne roja.

Definitivamente, reducir el consumo de carnes rojas

Entender por qué se desaconseja el consumo continuo de carne roja requiere considerar sus componentes perjudiciales. La grasa saturada en la carne roja aumenta el colesterol LDL, contribuyendo al riesgo de enfermedades cardiovasculares. El hierro hemo en exceso puede generar radicales libres y activar procesos inflamatorios, aumentando aún más los riesgos para la salud.

FUENTE: Getty Images

Adicionalmente, las acrilamidas, sustancias cancerígenas formadas al cocinar carne a altas temperaturas, y el óxido de trimetilamina, un subproducto bacteriano asociado con el cáncer colorrectal, son preocupaciones relacionadas con el consumo de carne roja.

Dicho todo esto, es mejor regular el consumo de carne, independientemente del tipo, es fundamental para mantener una dieta equilibrada y prevenir riesgos para la salud a largo plazo. Concientizar sobre estas cuestiones es esencial para que las personas tomen decisiones informadas sobre su alimentación y promuevan un bienestar duradero.


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Luis Arana

Químico de profesión, ama la bioquímica y los procesos metabólicos. Fiel amante de la poesía.

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