Los descubrimientos que revelan que el tamaño del cerebro no influye como se cree en la inteligencia

¿El tamaño del cerebro realmente importa en la inteligencia? Esta ha sido una incógnita que muchos científicos que estudian el cerebro y sus interacciones han intentado resolver, la cual surgió principalmente por el hecho de que los humanos nos hemos caracterizado por tener un cerebro significativamente más grande en comparación con la mayoría de los primates emparentados y, además, lo que se ha relacionado durante muchos años con nuestra capacidad de realizar tareas “complejas” que nuestros parientes evolutivos cercanos y lejanos no pueden o pudieron llevar a cabo, lo que puede llevarnos a pensar que el volumen del cerebro tiene un gran peso en la inteligencia de las especies.
Al respecto, la ciencia tiene evidencia a favor y en contra de esta premisa; por una parte, el hecho de que a lo largo de los últimos 3 millones de años de nuestra historia evolutiva el volumen cerebral se ha triplicado, lo que podría sugerir cierta ventaja en el tamaño de este órgano. Además, también se ha intentado distinguir que el tamaño del cerebro no solo es importante para la inteligencia entre especies, sino en la misma especie, pues se ha determinado en algunos estudios que las personas con cerebros más grandes tienden a ser más inteligentes, estableciendo una correlación entre el volumen cerebral y la inteligencia que puede cambiar según la fuente de consulta.

Sin embargo, es posible que estos estudios no sean suficientes para establecer que el tamaño del cerebro es el único factor de peso que determina la inteligencia, pues se estarían omitiendo elementos indispensables que juegan un papel en el desarrollo humano, como las influencias genéticas o ambientales. Además, también debemos recordar que son las redes neuronales las que orquestan todos los procesos cerebrales, por lo que, además del volumen cerebral, vale la pena tomar en cuenta la arquitectura neuronal, ya sea de redes o regiones específicas del cerebro implicadas en la capacidad intelectual o incluso en todo el sistema.
Sobre esto, la neurociencia de redes tiene varias teorías, una de las cuales indica que la inteligencia humana depende en gran parte de la arquitectura global del procesamiento de la información, es decir, de las redes neuronales del cerebro, o conectoma, más que del simple volumen de este órgano o de las conexiones espacialmente localizadas, las cuales pueden ser importantes, pero no suficientes para determinar la capacidad cognitiva.
Por otra parte, el estudio de cómo influye la genética en la inteligencia también es un aspecto importante que ha surgido principalmente de que la inteligencia es uno de los rasgos más hereditarios, por lo que se cree que debe tener un papel indispensable en la neurobiología del desarrollo de la capacidad intelectual y, aunque ciertamente este es un rasgo poligénico en el que pueden estar implicados muchos genes con un efecto pequeño, se piensa que cuando se trata de etapas críticas del desarrollo cerebral, esto puede tener grandes consecuencias en la función y el desarrollo del cerebro y, por lo tanto, en la capacidad cognitiva.
De esta manera, al igual que sucede con muchas de las cuestiones implicadas en el Sistema Nervioso Central, es muy probable que la neurobiología de la inteligencia sea multifactorial y se explique por diversos mecanismos implicados durante el desarrollo del cerebro y que, por lo tanto, el volumen de este órgano no sea el único factor de peso para determinar la inteligencia, cuestiones que actualmente se mantienen en arduo estudio.
