¿Por qué los mayas le temían a los eclipses? Estos eran sus rituales de protección

Los mayas, una antigua civilización mesoamericana, nos han legado una rica cosmovisión en la que los eclipses solares tenían un lugar especial. Estos eventos celestiales eran vistos a través de un prisma único, lleno de mitos y rituales, que arrojan luz sobre la profunda conexión que los mayas sentían con el cosmos. En esta aventura, exploraremos la riqueza de la cultura maya en relación con los eclipses solares, sin plagiar ni parafrasear, para que todos puedan apreciar su fascinante legado.
Los mayas, como muchas culturas antiguas, atribuían los eclipses a seres míticos y malignos. En su cosmovisión, animales llamados «Xulab» eran los culpables. Estos seres, no solo asociados con los eclipses sino también con Venus, eran considerados como devoradores del sol, un fenómeno que inspiró temor y respeto en el pueblo maya.
Con el tiempo, la creencia en los animales malignos fue reemplazada por la idea de que el dios del inframundo, conocido como «Kakaz-baal» o el diablo en la lengua maya, intentaba devorar al Sol. Esta transición en las creencias mayas se refleja en los códices de Dresde y Madrid, donde se observa a una serpiente o monstruo devorando al Sol, probablemente una representación de un eclipse en la cosmología maya.
Los mayas también creían en una relación cósmica entre los astros. En textos como el «Chilam Balam de Chumayel«, se explica el origen de los eclipses como resultado de la atracción mutua entre el Sol y la Luna, una visión poética de estos fenómenos celestiales.
El eclipse solar, para los mayas, era un evento aterrador, ya que creían que el dios Sol moría temporalmente. Como método de defensa, pintaban de manera simbólica la imagen del Sol que estaba desapareciendo y realizaban rituales para ayudar al Sol a resurgir de la oscuridad. Este enfoque ritual mostraba su profundo respeto por los elementos naturales y su deseo de mantener la armonía en el cosmos.
Los eclipses también tenían un impacto en la vida cotidiana de los mayas. En ocasiones, como en el eclipse de 1991, las actividades como la caza o la preparación de alimentos se veían interrumpidas. Las mujeres evitaban hacer tortillas, ya que temían que las piedras del fogón se volvieran suaves, lo que se consideraba un mal presagio. Los hombres, por su parte, evitaban trabajar en los campos o cazar, temiendo que los animales pudieran comportarse de manera impredecible.

Los eclipses eran vistos por algunos mayas como presagios de eventos desfavorables, como la llegada de plagas de escarabajos, que se consideraban destructivos. Además, se creía que las míticas hormigas «Xibal» atacaban al Sol durante los eclipses, lo que añadía a los temores en torno a estos eventos celestiales.
Para protegerse durante los eclipses, los mayas empleaban una variedad de amuletos. Por ejemplo, algunas mujeres embarazadas usaban pañuelos rojos atados a la cintura, ya que el color cálido se consideraba un antídoto contra el frío del eclipse. También utilizaban metales en forma de cruz sobre el estómago, como clavos, llaves o ganchos, en un esfuerzo por protegerse de las fuerzas malignas.
Sus mitos, rituales y creencias revelan la profunda conexión que sentían con el cosmos y su deseo de mantener el equilibrio en un mundo lleno de misterio. A través de sus prácticas espirituales, los mayas nos recuerdan la importancia de honrar y respetar los fenómenos naturales que dan forma a nuestro universo.
