El peligroso motivo por el que NO deberías lavar el pollo antes de cocinarlo

Es muy probable que la mayoría de nuestros lectores haya leído la recomendación de que el pollo nunca se debe lavar antes de cocinarlo y, aunque para muchos esto podría ser la peor práctica antihigiénica que hayan escuchado, la realidad es que hay un buen motivo detrás de esta advertencia, pero ¿cómo es esto posible?
Para que reconozcas cuál es la razón de esta aparentemente sucia recomendación, el día de hoy en este artículo te platicaremos todo lo que debes saber al respecto, así que te invitamos a seguir leyendo para entender por qué no deberías lavar el pollo antes de cocinarlo.
El peligroso motivo por el que NO deberías lavar el pollo antes de cocinarlo
Múltiples agencias alimentarias, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), así como los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) advierten que el pollo y, en general las carnes y aves crudas, nunca se deben de lavar antes de cocinarlas.
Aunque ciertamente el término ‘lavar’ implica diferentes prácticas para las personas, como, por ejemplo: enjuagar con agua corriente o con un colador; remojar en recipientes llenos de agua; sumergir en agua salada, vinagre o jugo de limón, no se recomienda aplicar ninguna de estas prácticas.
Así como lo leíste, a pesar de que suene muy antihigiénico, lo más adecuado es tomar sus piezas de pollo o carne y ponerlas directamente a cocer, pero… ¿Por qué?
La respuesta a esto es muy sencilla, lo que sucede es que al lavar el pollo y las carnes crudas corres el riesgo de provocar que las bacterias (como Campylobacter o Salmonella) que a menudo se encuentran sobre la superficie de estos productos de origen animal, salgan disparadas a las zonas, objetos y alimentos que se encuentren cercanos al fregadero por medio de las gotas que se suelen salpicar al momento de realizar esta práctica, lo que se conoce como contaminación cruzada.
Como muchos se podrán imaginar, el mayor peligro de la contaminación cruzada es que aumentas el riesgo de contraer una intoxicación alimentaria, también conocida como enfermedades transmitidas por los alimentos.
Específicamente estas pueden ser infecciones, intoxicaciones o infecciones mediadas por toxinas que resultan de la ingestión de alimentos contaminados por microorganismos patógenos vivos como Salmonella, Shigella, el virus de la hepatitis A, Trichinella spirallis, etcétera, o por toxinas producidas por bacterias o mohos presentes en el alimento ingerido.
Además de esto, un estudio determinó que incluso cuando se lavaron y desinfectaron las superficies cercanas al fregadero en donde se había lavado el pollo, se encontró que 1 de cada 7 personas aún tenía microorganismos en el fregadero, por lo que, incluso implementando esto, la práctica no es segura.
Asimismo, toma en cuenta que, al momento de lavar el pollo, podría haber salpicaduras de agua tan pequeñas que no te percatarías de ellas, por lo que, objetivamente, no habría una forma de evitar la contaminación cruzada.
Por otro lado, puede mantenerse tranquilo respecto a los microorganismos de la superficie de las carnes, pues «cocinar a la temperatura correcta (ya sea freír, hornear, asar a la parrilla o hervir) mata los microrganismos en la carne y las aves crudas, por lo que lavar estos productos es riesgoso y no es necesario por seguridad», según nos indican las agencias alimentarias.
Finalmente, si a pesar de estas recomendaciones opta por lavar las carnes y aves crudas, siga estas recomendaciones para hacerlo de la forma más segura posible: Esta es la forma correcta y segura de lavar el pollo antes de cocinarlo, según la ciencia.
