Microplásticos en los océanos: ¿Cuál es el verdadero impacto para el humano?

A dicho de broma entre biólogos y comunidad científica, lo cierto es que sí, México es un país megadiverso y hoy nos toca hablar de un hábitat de suma importancia ecológica, económica y alimenticia: el océano.
Inspiración de músicos, poetas, pintores, enamorados y hogar de infinidad de especies que han existido durante millones de años, encontrando desde pequeñas galerías formadas por gusanos, gasterópodos, crustáceos y anélidos, hasta megalodones, ballenas azules y tiburones blancos.
Jugando un papel importante en la mitología griega, el mar ha sido compañero del ser humano desde su civilización, dotando a este de un sinfín de recursos y servicios ecológicos, tales como la regulación de clima, responsable de precipitaciones y, por ende, de la obtención del agua potable, es el mayor productor de oxígeno y fuente de una variedad de vida de la cual el humano ha sabido sacar provecho.
De todo hemos encontrado en el océano, comenzado con esponjas marinas que se utilizan como souvenirs en bodas, tinturas, turismo, deportes extremos, medicamentos, moléculas para la investigación, sin olvidar que representan el medio de transporte más importante que conecta los continentes, entre muchos otros. De todos estos probablemente el recurso más destacable es la pesca.
Por todo lo que representa este ecosistema para el humano, no es de extrañarse el interés que existe entre los científicos por saber más de los océanos, las interacciones entre la cadena trófica y sus relaciones, así como comprender los cambios “inusuales” que se han presentado en el mundo y las consecuencias catastróficas que esto puede ocasionar. Muchas de estas son alarmantes, hoy nos enfocaremos solo en una: la presencia de microplásticos en animales que sirven como alimento para el humano.
Empezaremos definiendo que se considera microplástico a partículas menores de 5 milímetros de diámetro. Estas son el resultado de la degradación, oxidación y fragmentación de los desechos plásticos generados por el ser humano, que, después de los procesos antes mencionados, terminan en los océanos. Es aquí cuando se vuelve un problema ambiental, ya que son ingeridas por animales marinos al confundirse con alimento.
Con el fin de entender ecológicamente el estado de este ecosistema y sus poblaciones de flora y fauna, se han hecho estudios en diferentes países, entre ellos México, revisando el contenido estomacal de especies de importancia económica para el ser humano, con lo que se ha podido demostrar que dichas partículas se acumulan y se vuelven parte indirecta de una cadena alimenticia.
Esto no solo se relaciona con el humano al ser el único generador de estas partículas, si no que, al encontrarse en especies marinas que se utilizan para el consumo, esto podría resultar potencialmente perjudicial.
De esta manera, así como se han acumulado los decesos de fauna marina provocada por contaminación en los océanos, ya sea por consumo o asfixia, ahora vemos que nuestra salud también se puede ver comprometida al ingerir estos microplásticos.
Nos indica National Geographic que «En 2017, científicos belgas anunciaron que los amantes del marisco podían consumir hasta 11,000 partículas de plástico al año al comer mejillones, un plato estrella en ese país». Posteriormente, se determinó la existencia de microplásticos en el interior de los pulmones, la sangre e incluso en placenta humana, lo que indicaba que esta contaminación había llegado a lugares, quizás, impensables.
Debido a que este contaminante es relativamente nuevo en estudio, es difícil comprender el impacto específico que tiene en la salud del humano, lo que es un hecho, es que de manera natural estas partículas no tendrían por qué encontrarse en nuestro sistema. Otra cuestión que sí se sabe con certeza es que las sustancias químicas que componen los plásticos, incluyendo los aditivos que le proporcionan características de fuerza y flexibilidad, pueden ser tóxicos.
Asimismo, otra cuestión que resulta realmente alarmante es el hecho de que la contaminación por desechos plásticos se mantiene en extremo aumento, y no parece que vaya a dejar de seguir esta línea.
¿Qué implica esto? Un ciclo sin fin: más desechos plásticos, más microplásticos en el océano (estimando que existen aproximadamente 24,4 billones de microplásticos en la parte superior de los océanos del mundo actualmente), mayor contaminación de estas partículas en nuestra fuente marina de alimento y, finalmente, mayor y mayor… y mayor acumulación de microplásticos en nuestro sistema.
Es momento de reflexionar sobre nuestros hábitos y estilo de vida y aportar nuestro granito de arena, si bien no se hace por la vida marina y las interacciones que de ella dependen, o por la naturaleza, al menos podríamos intentar cuidar nuestra salud impactando menos el medio ambiente en medida de lo posible.
