Lo declaramos casi extinto porque un gato lo enfermó, pero acaba de salir de “la lista negra“

¿Cómo se declara extinta una especie? ¿Alguna vez te lo has preguntado? El proceso de declarar una especie como extinta es riguroso y meticuloso. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), a través de su Lista Roja de Especies Amenazadas, es la principal autoridad en esta materia. La extinción de una especie se determina cuando no se ha observado ningún individuo vivo durante un período considerable de tiempo, a pesar de búsquedas exhaustivas en su hábitat natural y en cualquier otro lugar donde podría sobrevivir.
Los criterios de la UICN para declarar extinta una especie incluyen la ausencia completa de individuos en estudios intensivos y repetidos realizados en hábitats conocidos y esperados, abarcando diferentes momentos y condiciones ambientales. Estas búsquedas deben ser exhaustivas, utilizando métodos que aseguren que si la especie aún existiera, sería detectada.
Una vez que una especie se sospecha extinta, se recopila toda la información disponible y se somete a una revisión exhaustiva por parte de expertos en el campo. Si estos expertos coinciden en que no hay evidencia de la existencia de la especie en la naturaleza, se declara extinta oficialmente. Este proceso es esencial para evitar errores y asegurar que una especie no sea declarada extinta prematuramente.
Así acaba de pasar con el lince ibérico, un felino nativo de la Península Ibérica, que ha sido una de las especies más amenazadas del mundo. En 2001, su población había caído a solo 62 individuos maduros, lo que llevó a su clasificación como «en peligro de extinción«. Sin embargo, gracias a esfuerzos de conservación intensivos y bien coordinados, la población de este felino ha aumentado notablemente, permitiendo su reclasificación a «vulnerable» en 2022.
Uno de los principales factores en la recuperación del lince ibérico fue la mejora de la disponibilidad de su principal fuente de alimento, el conejo europeo, que también estaba en peligro. Aumentar la población de conejos fue decisivo, ya que proporcionó una fuente de alimento estable y abundante para los linces. Sin esta base alimentaria, cualquier intento de aumentar la población de linces habría sido inútil.

Además, se llevaron a cabo programas de cría en cautividad, donde linces nacidos en condiciones controladas fueron liberados en su hábitat natural. Este método ayudó a aumentar el número de linces en la naturaleza, pues permitió monitorear y asegurar la salud y la viabilidad de estos individuos antes de su liberación.
La restauración de hábitats naturales, como matorrales y bosques, también fue esencial. Estas áreas proporcionan refugio, espacio para la caza y condiciones adecuadas para la reproducción. Los esfuerzos incluyeron la reforestación y la gestión sostenible de las tierras, creando un entorno más favorable para el lince y otras especies.
La expansión del hábitat del lince es otro paso importante para asegurar su supervivencia a largo plazo. Los planes para reintroducir linces en nuevas localidades del centro y norte de España son de importancia vital para aumentar la diversidad genética y reducir el riesgo de que la población se concentre en áreas limitadas.
