La explicación del POR QUÉ NO RECORDAMOS el 90% de lo que soñamos

Cuando caemos rendidos ante un día muy cansado, nuestro cerebro empieza a provocar el querer dormirnos, y lo hace en diferentes etapas. Desde el momento en que cerramos los ojos hasta que despertamos, experimentamos un vaivén de actividad cerebral que da vida a nuestros sueños más vívidos. Sin embargo, al abrir los ojos al nuevo día, a menudo nos encontramos con algo que seguramente te ha pasado: que la mayoría de los sueños se desvanecen de nuestra memoria como humo entre los dedos. ¿Por qué sucede esto?
¿Cómo soñamos?: Etapa por etapa
La clave para entender este fenómeno radica en comprender las complejidades de cómo funciona nuestro cerebro durante el sueño. Este proceso se divide en varias etapas, cada una con sus propias características distintivas. La primera etapa marca la transición desde la vigilia al sueño, un breve período en el que el cuerpo se prepara para entrar en un estado onírico que está por prolongarse
Luego, entramos en lo que se conoce como «sueño ligero», donde la actividad cerebral fluctúa entre momentos de calma y momentos de mayor intensidad. Durante esta fase, es común experimentar sensaciones vívidas como la sensación de caída, que a menudo nos despierta de repente.
A medida que avanzamos hacia la siguiente etapa, conocida como «sueño lento«, nuestro cuerpo se sumerge aún más en un estado de reposo profundo. Durante este período, es más difícil despertarse, y es esencial para obtener un descanso reparador y de calidad.
Finalmente, alcanzamos la fase REM (Rapid Eye Movement), donde ocurren la mayoría de nuestros sueños más vívidos y emocionantes. Durante esta etapa, el cerebro está increíblemente activo, y es cuando experimentamos imágenes y narrativas oníricas de manera más intensa.
Entonces, ¿por qué olvidamos la mayoría de nuestros sueños al despertar?
La respuesta radica en la interacción compleja de diversos procesos neurobiológicos. Se ha sugerido que la sobrecarga de información durante el sueño puede dificultar la consolidación de la memoria, lo que dificulta que retengamos los sueños en nuestra conciencia despierta.

Además, ciertas neuronas asociadas con trastornos del sueño, como la narcolepsia, podrían jugar un papel en este proceso de olvido. Estas células, particularmente sensibles a los cambios en la actividad cerebral, podrían contribuir a la pérdida de recuerdos oníricos al despertar.
Otro factor importante es la melanina, una hormona que desempeña un papel crucial en la regulación de nuestro ciclo sueño–vigilia. Se ha sugerido que la activación de ciertas células productoras de melanina podría interferir con la transferencia de información del sueño al almacenamiento a largo plazo en el hipocampo, lo que contribuye al olvido de los sueños.
Así que no te preocupes si olvidas tus sueños, no tienes Alzheimer ni alguna enfermedad neurodegenerativa, al contrario, el olvido de los sueños es el resultado de una compleja interacción entre múltiples sistemas neuronales y procesos fisiológicos. Aunque aún hay mucho por descubrir sobre este curioso fenómeno, nuestra comprensión de él nos lleva a apreciar aún más la asombrosa capacidad del cerebro humano para crear esas imágenes en nuestros recuerdos.
